Redacción: Carlos Villa
Los altos niveles de contaminación a los que diariamente nos exponemos en nuestras actividades cotidianas en CDMX y el Edomex traerán afectaciones a largo plazo en los sistemas respiratorios que una sola pastilla ya no podremos atender.

Quienes habitamos y conformamos la Zona Metropolitana del Valle de México, hemos aprendido a normalizar caóticas horas de tráfico, un transporte público deficiente y contingencias ambientales que como secuelas de su paso nos dejan un aire que cada que respiramos nos genera alergia, ardor en la garganta y picazón en la nariz.
No importa en que parte de la Ciudad o el Estado de México nos ubiquemos, a donde vayamos, no nos salvaremos ni del tráfico o de ser víctimas de una alergia a consecuencia de un aire que cada vez está más contaminado, esté o no activada alguna fase de contingencia ambiental por ozono.
Lo cierto es que todos los citadinos y mexiquenses, como la selección natural, estamos aprendiendo a adaptarnos a estos espacios nocivos, en la convivencia diaria con miles de agentes contaminantes que llegan a nuestro rostro al caminar por las calles, los espacios públicos que visitamos o los alimentos que consumimos al aire libre.
El tema de la calidad del aire en la Zona Metropolitana del Valle de México se ha convertido en uno que dispara todas las alarmas de salud y ambientales. Según expertos, vivir a diario inhalando estas partículas podrían traernos problemas respiratorios más severos a largo plazo más allá de una simple garraspera, mocosa y molestias en la garganta.
Sin embargo, si bien no es proporcional al daño ocasionado por corporaciones gigantescas, las actividades diarias que como ciudadanos realizamos contribuyen en menor proporción a una atmósfera plagada de contaminantes. Solo hay que detenernos a observar si todo lo que hacemos, implica o no, algún tipo de afectación al ambiente.
Desde cargar combustible para los automóviles durante el día, donde al emanar hacia un sol radiante las partículas contaminan, el uso de vehículos para distancias verdaderamente cercanas, el arrojar residuos a la calle y no separarlos correctamente al desecharlos, son algunas de las que parecieran acciones invisibles o sin importancia.
Por eso, las sociedades y los gobiernos deberían voltear a ver con mayor importancia los problemas ambientales que le genera al cuerpo a largo plazo convivir en ecosistemas plagados de contaminantes, pues actualmente los hemos normalizado, aprendiendo a vivir con ellos y adaptándonos, pero si estos fenómenos siguen creciendo, vivir en las urbes será saludablemente imposible e insostenible para nuestros organismos.
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