Redacción Marlone Serrano
La presencia de fauna silvestre en ciudades refleja la resiliencia de los ecosistemas urbanos. Conoce las recomendaciones de Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) para convivir de forma segura, evitar riesgos y proteger la biodiversidad en entornos urbanos.

El aumento de encuentros entre personas y fauna silvestre en zonas urbanas se ha convertido en un fenómeno cada vez más frecuente en distintas ciudades del país. Lejos de tratarse de hechos aislados, especialistas advierten que esta tendencia responde a factores estructurales como la expansión urbana, la fragmentación de hábitats y la creciente interconexión entre espacios naturales y áreas densamente pobladas.
En este contexto, la presencia de animales en entornos urbanos no debe interpretarse como una invasión, sino como una muestra de adaptación y resiliencia ecológica. Muchas especies han logrado sobrevivir en condiciones modificadas, aprovechando parques, áreas verdes y corredores biológicos como refugios temporales dentro de las ciudades.
Sin embargo, este fenómeno también plantea desafíos importantes en materia de seguridad, salud pública y conservación ambiental. Por ello, autoridades como la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) han emitido una serie de recomendaciones dirigidas a la población para evitar conflictos y garantizar una convivencia responsable.
Entre las principales medidas destacan mantener distancia de los animales, evitar alimentarlos o manipularlos y no intentar domesticarlos. Asimismo, se recomienda mantener a las mascotas vacunadas y desparasitadas, ya que pueden actuar como vectores de enfermedades que afectan tanto a humanos como a especies silvestres.
Una de las prácticas más extendidas —y problemáticas— es la alimentación intencional de fauna silvestre. Aunque suele interpretarse como un acto de empatía, expertos señalan que esta conducta altera los patrones naturales de comportamiento, genera dependencia de fuentes artificiales de alimento y aumenta la probabilidad de que los animales se acerquen a zonas habitadas, elevando el riesgo de incidentes.
A ello se suma el impacto sanitario. La interacción directa con fauna silvestre puede facilitar la transmisión de enfermedades zoonóticas, lo que representa un riesgo bidireccional entre animales domésticos, fauna silvestre y seres humanos.
Otro punto clave es la importancia de reportar oportunamente a las autoridades la presencia de animales en situación de riesgo. La intervención de personal capacitado permite atender casos de ejemplares heridos, desorientados o potencialmente peligrosos, evitando acciones improvisadas por parte de la ciudadanía que puedan agravar la situación.
Especialistas subrayan que el crecimiento urbano ha reducido significativamente los hábitats naturales, obligando a muchas especies a adaptarse o desplazarse hacia zonas habitadas. En este sentido, la ciudad debe entenderse como un sistema socioecológico donde las decisiones humanas tienen efectos directos sobre el equilibrio ambiental.
La conservación de áreas verdes, la restauración ecológica y la planeación urbana sustentable son elementos clave para mitigar estos impactos. Acciones como la reforestación con especies nativas, la recuperación de cuerpos de agua y el control de especies invasoras contribuyen a mejorar las condiciones de hábitat y reducir conflictos entre humanos y fauna.
Además, la educación ambiental juega un papel estratégico para fomentar una cultura de respeto y corresponsabilidad. Desde acciones cotidianas como evitar tirar basura hasta el manejo responsable de mascotas, cada decisión individual incide en la dinámica del entorno urbano.
En un escenario de crecimiento urbano acelerado, la coexistencia con fauna silvestre no es opcional, sino una realidad que exige gestión adecuada. Más que erradicar su presencia, el reto consiste en construir mecanismos de convivencia que protejan tanto a las personas como a los ecosistemas.
La resiliencia de la fauna silvestre en las ciudades representa una oportunidad para replantear la relación entre sociedad y naturaleza. El desafío, coinciden expertos, es transformar esa convivencia en un modelo sostenible basado en información, respeto y visión de largo plazo.

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