Redacción Marlone Serrano
La Ciudad de México cuenta con 27 Áreas Naturales Protegidas que resguardan más de 24 mil hectáreas de biodiversidad. Conoce por qué estos espacios son clave para el equilibrio ambiental y la sustentabilidad urbana.

Aunque la Ciudad de México suele asociarse con asfalto, tráfico y urbanización acelerada, la capital también alberga una extensa red de ecosistemas que resultan fundamentales para su equilibrio ambiental. Se trata de las Áreas Naturales Protegidas (ANP), espacios que conservan flora y fauna representativas de la Cuenca de México y que desempeñan un papel clave en la calidad de vida de millones de habitantes.
Actualmente, la ciudad cuenta con 27 Áreas Naturales Protegidas que abarcan más de 24 mil hectáreas, integradas en el Sistema Local y administradas principalmente por la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México (Sedema), en coordinación con la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) y autoridades de las distintas alcaldías.
Entre las ANP más representativas se encuentran zonas como el Desierto de los Leones, el Bosque de Tlalpan, la Sierra de Guadalupe y el Parque Ecológico de la Ciudad de México, espacios que no solo resguardan biodiversidad, sino que también funcionan como zonas de recarga de acuíferos, regulación climática y recreación.
A estos se suman áreas como la Sierra de Santa Catarina, el Cerro de la Estrella, los Ejidos de Xochimilco y San Gregorio Atlapulco, así como el Lago de Tláhuac-Xico, que reflejan la diversidad de ecosistemas presentes en la capital. Las Áreas Naturales Protegidas son fundamentales para mitigar los efectos del cambio climático, mejorar la calidad del aire y conservar especies endémicas. Además, representan espacios de educación ambiental y convivencia social, en una ciudad donde el acceso a áreas verdes es cada vez más limitado. Junto a las ANP, la capital cuenta con las llamadas Áreas de Valor Ambiental (AVA), espacios que, aunque han sido modificados por la actividad humana, mantienen características ecológicas que permiten su restauración y conservación. Estas zonas cumplen una función estratégica para la sustentabilidad urbana, al contribuir al equilibrio ecológico y al bienestar de la población.
Autoridades ambientales hacen un llamado a la ciudadanía para proteger estos espacios, evitando su deterioro y promoviendo su uso responsable. La conservación de estas áreas no solo garantiza la preservación de la biodiversidad, sino que también asegura servicios ambientales esenciales para el futuro de la ciudad. En una metrópoli que crece constantemente, las Áreas Naturales Protegidas se consolidan como los verdaderos pulmones verdes de la capital, recordando que la naturaleza sigue siendo parte fundamental del entorno urbano.

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