Redacción Marlone Serrano
Sudamérica perdió más de 41 millones de hectáreas de bosques en la última década, según la ONU. El avance de la agricultura, la urbanización y el cambio climático mantienen a la región como la más afectada por la deforestación global, mientras el mundo sigue lejos de cumplir la meta de frenar la pérdida forestal para 2030.

La pérdida de bosques en Sudamérica alcanzó niveles alarmantes durante la última década, consolidando a la región como la más afectada del planeta por la deforestación, de acuerdo con el más reciente informe de Naciones Unidas sobre los Objetivos Forestales Mundiales 2026.
El reporte advierte que entre 2015 y 2025 desaparecieron cerca de 41 millones de hectáreas de bosque en territorio sudamericano, lo que equivale a un promedio anual de 4.1 millones de hectáreas perdidas. La cifra coloca nuevamente a la región en el centro de la preocupación internacional por el avance de la crisis climática y la degradación ambiental.
Además de la reducción de cobertura forestal, el documento subraya la desaparición de más de 10 millones de hectáreas de bosques primarios, considerados ecosistemas fundamentales para la biodiversidad, la regulación climática y el almacenamiento de carbono.
La Organización de las Naciones Unidas señaló que, pese a los compromisos internacionales asumidos por diversos países para detener y revertir la deforestación antes de 2030, el mundo continúa lejos de cumplir esa meta.
El secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió que los bosques enfrentan amenazas crecientes derivadas de la deforestación, el aumento de temperaturas, las sequías, los incendios forestales y las tensiones económicas globales.
El informe también expone que, aunque algunos países han impulsado programas de restauración forestal y ampliado áreas naturales protegidas, el deterioro de ecosistemas clave continúa avanzando a mayor velocidad que las acciones de conservación.
La expansión agrícola sigue siendo la principal causa de pérdida forestal en el planeta. Naciones Unidas detalló que la creciente demanda de alimentos, ganadería, monocultivos comerciales y extracción de recursos naturales continúa empujando la frontera agrícola sobre regiones boscosas de América Latina, África y Asia.
A ello se suma el impacto del cambio climático, que ha incrementado la frecuencia de incendios forestales, olas de calor, plagas y fenómenos meteorológicos extremos, debilitando incluso a ecosistemas previamente considerados resilientes.
Especialistas advierten que la pérdida de bosques primarios representa un riesgo particularmente grave, debido a que estos ecosistemas tardan siglos en desarrollarse y no pueden ser reemplazados rápidamente mediante programas de reforestación.
Aunque el informe reconoce avances en países latinoamericanos como Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México y Guatemala en materia de monitoreo forestal y participación de comunidades indígenas, Naciones Unidas considera que los esfuerzos actuales siguen siendo insuficientes frente al ritmo de degradación ambiental.
Otro de los puntos críticos señalados en el documento es la falta de financiamiento. La ONU calcula que actualmente se destinan alrededor de 84 mil millones de dólares anuales a la gestión forestal sostenible, una cifra muy por debajo de los 300 mil millones que serían necesarios para alcanzar los objetivos climáticos y forestales planteados para 2030.
El organismo internacional concluyó que la protección de los bosques ya no puede abordarse únicamente desde políticas ambientales, sino que requiere decisiones coordinadas en sectores como agricultura, energía, transporte y desarrollo urbano, especialmente en regiones donde la presión sobre los ecosistemas continúa creciendo año con año.
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