Redacción: Amairany Ramírez
Descubre cómo el fenómeno de El Niño y el cambio climático están provocando una temporada de incendios récord en 2026.

El año 2026 ha comenzado con una señal de alarma que la comunidad científica no ha tardado en subrayar: el planeta se enfrenta a una de las temporadas de incendios forestales más devastadoras de las que se tiene registro. Según los datos más recientes, la convergencia entre el fenómeno de El Niño y el calentamiento global persistente está creando un “cóctel explosivo” que ya ha consumido millones de hectáreas antes de que la temporada alta de fuegos siquiera comience en muchas regiones.
Hasta el 6 de mayo de 2026, los sensores satelitales del Sistema Mundial de Información sobre Incendios (GWIS) han detectado que aproximadamente 163 millones de hectáreas de vegetación han sido reducidas a cenizas en todo el mundo. Esta cifra no solo es alarmante por sí misma, sino porque representa un incremento del 50% respecto al promedio registrado entre 2012 y 2025 para esta misma época. Los expertos señalan que estamos superando en más de un 20% el récord histórico anterior, una tendencia que parece no dar tregua.
Una de las regiones más golpeadas en lo que va del año es el oeste de África. Países como Senegal, Gambia, Guinea, Malí y Ghana están experimentando niveles de destrucción sin precedentes, con un total de 85 millones de hectáreas quemadas en el continente, superando con creces el récord previo de 69 millones.
Este fenómeno ha sido impulsado por lo que los científicos denominan el “látigo climático”. Este ciclo consiste en periodos de lluvias intensas que fomentan un crecimiento acelerado de la maleza y la vegetación, seguidos inmediatamente por sequías extremas que convierten esa biomasa en el combustible perfecto para los incendios.
Theodore Keeping, investigador del Imperial College de Londres, ha advertido que la situación podría agravarse drásticamente si un fenómeno de El Niño potente se consolida hacia finales de año. La llegada de este evento climático natural suele traer consigo condiciones de calor extremo y sequedad en áreas críticas como la Amazonía, el norte de Australia y el noroeste de Norteamérica, regiones que ya se encuentran en una situación de vulnerabilidad.
“La probabilidad de incendios extremos y peligrosos podría ser potencialmente la más alta de la historia reciente”, sentenció Keeping durante una reciente rueda de prensa. A esta advertencia se suma la de Friederike Otto, profesora de Ciencia del Clima, quien aclara que, aunque El Niño es un proceso natural, el verdadero motor de la crisis es el cambio climático causado por la quema de combustibles fósiles. Mientras que El Niño es un ciclo que va y viene, el calentamiento global sigue empeorando año tras año, intensificando cada fenómeno meteorológico que toca.
La preocupación de los expertos no es solo ambiental, sino también política. Otto lamentó el aparente retroceso en el compromiso internacional para mitigar las emisiones de carbono, justo cuando el clima geopolítico parece estar desviando la atención de la emergencia climática.
Con una temporada de incendios que apenas comienza a intensificarse en el hemisferio norte, 2026 se perfila como un año de prueba para los sistemas de emergencia y las políticas de conservación global. La pregunta ya no es si el planeta arderá, sino cuánto estamos dispuestos a perder antes de cambiar el rumbo.

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