Redacción Amairany Ramírez
La veloz propagación del jabalí europeo por el territorio bonaerense ha encendido las alarmas debido a sus severas consecuencias en la actividad agropecuaria y la salud de la población. Al carecer de predadores naturales en la región, este mamífero se multiplica a un ritmo acelerado, convirtiéndose en un desafío ecológico, económico y sanitario, especialmente en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires.
La presencia de esta especie exótica invasora está plenamente documentada en distritos cercanos a Bahía Blanca, Villarino, Patagones y en los cordones serranos. Su introducción en Argentina se remonta a principios del siglo XX, cuando Pedro Luro la trasladó desde Europa a su propiedad en La Pampa con fines de caza deportiva. Tras evadir el cautiverio, el animal encontró un entorno propicio en la geografía pampeana, expandiéndose hacia la Bahía de Samborombón, la Cuenca del Salado y los sistemas serranos de Ventania y Tandilia.
El impacto de la especie se siente con fuerza en los campos productivos. Los ejemplares masculinos adultos pueden pesar entre 80 y 140 kilos, y las hembras entre 60 y 90 kilos. Con un período de gestación de aproximadamente 115 días y camadas que oscilan entre cuatro y ocho crías, su tasa de reproducción es sumamente elevada. Estos grupos de animales ingresan a los terrenos sembrados para alimentarse de granos. Durante la búsqueda de raíces y pequeños organismos, remueven la tierra constantemente con el hocico, lo que destruye los cultivos y daña las estructuras de los establecimientos.
Adicionalmente, el peligro trasciende los límites del campo. Su desplazamiento por caminos vecinales y carreteras representa una amenaza constante de colisiones vehiculares. Del mismo modo, la falta de alimento y agua en su entorno habitual impulsa a estos animales a aproximarse a sectores periurbanos en busca de sustento.
En el plano de la salud, el riesgo es sumamente concreto. Recientemente, se registró un brote de triquinosis en la localidad de Mayor Buratovich, perteneciente al partido de Villarino, que afectó a más de 50 individuos. El contagio se produjo tras la ingesta de embutidos artesanales fabricados con carne de un ejemplar silvestre cazado por los propios damnificados. Ante esta situación, los entes sanitarios insisten en la obligatoriedad de analizar de forma veterinaria la carne de caza antes de elaborar cualquier subproducto alimenticio, ya que la cocción deficiente es la principal vía de transmisión de esta parasitosis.
Para mitigar esta preocupante realidad, las autoridades de la provincia de Buenos Aires implementaron la Disposición 313/2025 del Ministerio de Desarrollo Agrario. Mediante esta resolución, se autorizó la caza de control sanitario y plaguicida del animal. No obstante, se establecen pautas estrictas: está estrictamente prohibido realizar la actividad en perímetros urbanos, suburbanos o áreas de tránsito habitual de personas, y se exige poseer la documentación correspondiente en regla. Los expertos apuntan que para resolver el problema de raíz no basta solo con capturar ejemplares, sino que es imprescindible estructurar planes de monitoreo continuo, identificar los flujos migratorios y mantener una estricta vigilancia de las enfermedades.














