Redacción Regina Melo
Cada 23 de julio se conmemora el Día Mundial de las Ballenas y los Delfines, antes, este día era conocido como el Día Mundial Contra la Caza de Ballenas, una fecha que busca crear conciencia sobre la importancia de estos mamíferos marinos para el equilibrio de los ecosistemas y la necesidad de protegerlos frente a las múltiples amenazas que ponen en riesgo su supervivencia.
Las ballenas y los delfines desempeñan un papel fundamental en la biodiversidad marina. Aunque suelen ser admirados por su inteligencia y comportamiento social, su contribución al planeta va mucho más allá. Estos cetáceos ayudan a mantener saludables los océanos al regular las cadenas alimenticias, favorecer el ciclo de nutrientes e incluso contribuir a la captura de carbono, un proceso clave para mitigar el cambio climático.
Uno de los ejemplos más importantes es el llamado “efecto bomba de las ballenas”. Al alimentarse en aguas profundas y regresar a la superficie para respirar y expulsar desechos, transportan nutrientes como hierro y nitrógeno hacia las capas superiores del océano. Esto estimula el crecimiento del fitoplancton, organismo microscópico responsable de producir cerca del 50% del oxígeno que respiramos y de absorber grandes cantidades de dióxido de carbono.
Sin embargo, muchas especies de ballenas y delfines enfrentan un panorama preocupante. De acuerdo con especialistas en conservación, varias poblaciones continúan disminuyendo debido a la actividad humana. Algunas especies, como la vaquita marina, se encuentran en peligro crítico de extinción, mientras que otras ballenas y delfines permanecen catalogadas como vulnerables o en peligro.
Entre las principales amenazas destacan la contaminación por plásticos y sustancias químicas, la pesca incidental en redes, la caza ilegal en algunos países, las colisiones con embarcaciones y el ruido generado por el tráfico marítimo. Además, el cambio climático modifica la temperatura y las corrientes oceánicas, afectando la disponibilidad de alimento y alterando las rutas migratorias de diversas especies.
Se estima que más de ocho millones de toneladas de plástico llegan a los océanos cada año, donde pueden ser ingeridas por ballenas y delfines o provocarles lesiones. A ello se suma la contaminación acústica, que interfiere con su capacidad para comunicarse, orientarse y localizar alimento mediante la ecolocalización.
Actualmente existen alrededor de 90 especies de cetáceos en el mundo, entre ballenas, delfines y marsopas. La ballena azul, el animal más grande que ha existido en la Tierra, puede alcanzar hasta 30 metros de longitud y pesar cerca de 180 toneladas. En contraste, algunos delfines costeros apenas superan el metro de largo.
La protección de estos mamíferos requiere acciones coordinadas entre gobiernos, organizaciones y ciudadanos. Fortalecer las áreas marinas protegidas, combatir la pesca ilegal, reducir el uso de plásticos de un solo uso, promover una navegación responsable y disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero son algunas de las medidas que contribuyen a su conservación.
Los especialistas también destacan la importancia del turismo responsable para evitar alterar el comportamiento natural de estos animales, así como impulsar programas de investigación y monitoreo que permitan conocer mejor el estado de sus poblaciones.
En este Día Mundial de las Ballenas y los Delfines, el llamado es a reconocer que proteger a estos gigantes del mar significa también cuidar la salud de los océanos y, por lo tanto, el bienestar de toda la vida en el planeta.














