Redacción Marlone Serrano
Descripción SEO: El cambio climático está ampliando la distribución de los mosquitos y elevando el riesgo de enfermedades como dengue, malaria y zika en nuevas regiones, incluso zonas de altura y países antes considerados de bajo riesgo.
El aumento de las temperaturas globales y las alteraciones en los patrones de lluvia y humedad están modificando la distribución de los mosquitos y favoreciendo su llegada a regiones donde antes no podían sobrevivir. Este fenómeno representa un desafío creciente para la prevención y el control de enfermedades como el dengue, el zika, la fiebre amarilla y la malaria.
Los mosquitos dependen de determinadas condiciones ambientales para completar su ciclo de vida. Cuando la temperatura y la humedad superan ciertos umbrales, algunas especies encuentran nuevas oportunidades para reproducirse y establecerse en territorios distintos a sus hábitats tradicionales.
Mosquitos conquistan nuevos territorios
Durante décadas, estos insectos estuvieron asociados principalmente con regiones tropicales y subtropicales, donde las condiciones cálidas y húmedas favorecen su desarrollo. Sin embargo, investigaciones recientes muestran que varias especies capaces de transmitir enfermedades humanas ya se encuentran fuera de sus regiones de origen.
Un estudio publicado en Nature Communications por científicos de las universidades de Lisboa y Viena identificó 45 especies de mosquitos capaces de transmitir enfermedades a humanos que ya viven fuera de sus territorios originales. De ellas, 28 consiguieron establecerse al menos en un nuevo lugar. La expansión se aceleró desde la década de 1950, impulsada principalmente por el crecimiento del comercio y el transporte internacional.
Entre las especies de mayor importancia sanitaria se encuentran Aedes aegypti y Aedes albopictus, transmisores del dengue y la fiebre amarilla. Actualmente están presentes en casi todos los continentes, con excepción de la Antártida.
El desplazamiento de estos insectos no responde únicamente al clima. La actividad humana también desempeña un papel fundamental. Los mosquitos pueden viajar en barcos, aviones y camiones, incluso ocultos en neumáticos usados o plantas transportadas entre países. Al mismo tiempo, la urbanización genera nuevos sitios de reproducción, como recipientes con agua acumulada en patios y calles.
Un caso que ilustra este cambio ocurrió en Islandia, donde el Instituto de Historia Natural confirmó en octubre de 2025 la presencia de Culiseta annulata, una especie común en Europa. Aunque no transmite enfermedades conocidas en esa región, su capacidad para sobrevivir al invierno refugiada en sótanos y cobertizos evidenció que las condiciones ambientales están cambiando las posibilidades de supervivencia de estos insectos.
El dengue, una de las principales amenazas
El calentamiento global también podría ampliar considerablemente las zonas aptas para los principales vectores del dengue. Un estudio publicado en BMJ Global Health, elaborado por científicos de la Universidad Tecnológica de Nanyang, proyectó que Norteamérica y Europa tendrán condiciones cada vez más favorables para la reproducción de Aedes aegypti y Aedes albopictus durante las próximas décadas.
La investigación estima que entre 2041 y 2060 podrían registrarse hasta 77 millones de infecciones anuales de dengue en el mundo, cifra que representaría un aumento de 57% frente al promedio registrado entre 2000 y 2019. Los investigadores atribuyen este crecimiento principalmente al incremento de la temperatura, la mayor adecuación ambiental para los mosquitos y el crecimiento de la población.
Ante este escenario, los especialistas plantean fortalecer las estrategias de control de criaderos y recurrir a herramientas adicionales, entre ellas mosquitos genéticamente modificados o infectados con la bacteria Wolbachia, con el objetivo de limitar la transmisión del dengue.
Mosquitos capaces de adaptarse al calor
La relación entre cambio climático y enfermedades transmitidas por mosquitos también está vinculada con la capacidad de adaptación de estos insectos.
De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas, el aumento de la temperatura global, combinado con modificaciones en las precipitaciones y la humedad, puede afectar la longevidad de los mosquitos y las condiciones necesarias para la transmisión de malaria, dengue y zika.
Un estudio de investigadores de la Universidad de California en Berkeley, publicado en PNAS, encontró que poblaciones de Aedes sierrensis expuestas a temperaturas elevadas desarrollaron cambios cromosómicos asociados con una mayor capacidad para sobrevivir y reproducirse bajo condiciones de calor. Los resultados sugieren que los modelos actuales podrían estar subestimando el riesgo futuro relacionado con estos vectores.
Islandia vuelve a aparecer como un ejemplo de esta transformación. El biólogo Gísli Már Gíslason, de la Universidad de Islandia, señaló que la temperatura media del país aumentó 1.1 °C en dos décadas, situación que favoreció la llegada y posible establecimiento de mosquitos.
Además, fenómenos climáticos extremos como olas de calor, lluvias intensas y sequías prolongadas pueden generar condiciones favorables para la reproducción de estos insectos.
La expansión también alcanza zonas de altura
El cambio en la distribución de los mosquitos ya tiene consecuencias en regiones que anteriormente presentaban menores riesgos de transmisión.
En la región andina, investigadores de la Universidad de Las Américas documentaron brotes de dengue y malaria por encima de los 2 mil metros sobre el nivel del mar en Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. El estudio, publicado en One Health, relaciona estos episodios con la expansión de vectores como Aedes aegypti y Anopheles hacia zonas de mayor altitud.
El fenómeno también refleja desigualdades sociales. La pobreza y el acceso limitado a servicios de salud incrementan la vulnerabilidad de las poblaciones que enfrentan la llegada de estos vectores a nuevos territorios. La deforestación, el crecimiento urbano no planificado y eventos climáticos como El Niño también pueden contribuir a crear condiciones favorables para su expansión.
En Argentina, la Patagonia alberga 16 especies de mosquitos, entre ellas Culex pipiens, vector del virus del Nilo Occidental, y Aedes albifasciatus, asociado con la transmisión de encefalitis equina y fiebre hemorrágica. Estas especies han desarrollado mecanismos para sobrevivir en temperaturas bajas, como la sincronización de sus ciclos de vida y estados de dormancia.
En los últimos años también se confirmó el avance de Aedes aegypti hacia el sur argentino, con presencia registrada en Neuquén y San Antonio Oeste, territorios que anteriormente eran considerados demasiado fríos para su establecimiento.
Un desafío sanitario que exige anticipación
La expansión geográfica de los mosquitos demuestra que el cambio climático no solo modifica temperaturas y patrones de lluvia. También puede alterar la distribución de vectores y ampliar las zonas donde existe riesgo de enfermedades infecciosas.
El fenómeno plantea un desafío para los sistemas de salud, que deberán fortalecer la vigilancia epidemiológica, el control de criaderos y las estrategias de prevención, especialmente en regiones que históricamente no habían enfrentado estos riesgos.
La evidencia recopilada por distintos grupos de investigación apunta a un escenario en el que el calentamiento global, la movilidad humana y la transformación de los ecosistemas están creando nuevas oportunidades para que los mosquitos sobrevivan y se establezcan. Anticipar esos cambios será clave para reducir el impacto sanitario de enfermedades como el dengue, la malaria y el zika.














