Redacción Andrea García
Panamá busca avanzar hacia un modelo energético más moderno mediante la incorporación de tecnologías que permitan aprovechar mejor los recursos renovables. La integración de sistemas de almacenamiento con baterías representa una nueva oportunidad para fortalecer el suministro eléctrico y responder a las necesidades del país. Esta estrategia también abre el camino a cambios importantes en la forma de producir y distribuir electricidad.
La combinación de energías renovables con sistemas de almacenamiento mediante baterías representa una alternativa para avanzar hacia un modelo energético más flexible, eficiente y menos dependiente de los combustibles fósiles. Esta estrategia también responde a la necesidad de garantizar que la electricidad esté disponible cuando los consumidores y las actividades productivas la requieran.
La propuesta adquirió relevancia con un proceso de licitación impulsado por la Secretaría Nacional de Energía y la Empresa de Transmisión Eléctrica (ETESA), que buscaba contratar generación eléctrica proveniente exclusivamente de fuentes renovables e incorporar sistemas de almacenamiento. El proyecto fue considerado pionero en Centroamérica por contemplar las baterías dentro de un esquema de contratación de energía a largo plazo.
Su planteamiento abrió una oportunidad para que el país explorara nuevas formas de integrar tecnologías limpias a su infraestructura eléctrica. El proceso original, anunciado en enero de 2024, contemplaba la contratación de 500 megavatios de potencia mediante centrales renovables nuevas o existentes.
La convocatoria también proyectaba acuerdos de suministro de largo plazo, con contratos de hasta 20 años, y una inversión que podía alcanzar aproximadamente los 400 millones de dólares. Entre las tecnologías consideradas se encontraban proyectos de generación hidroeléctrica, solar y eólica, además de soluciones de almacenamiento capaces de complementar la producción de electricidad.
La incorporación de baterías representa uno de los aspectos más relevantes de este modelo, debido a que permite almacenar parte de la electricidad producida cuando existe una mayor generación y utilizarla posteriormente. Esto resulta especialmente importante para las fuentes solar y eólica, cuya producción depende de condiciones naturales como la radiación solar y la intensidad del viento.
De esta manera, el almacenamiento puede contribuir a reducir las variaciones en el suministro, aprovechar mejor la energía disponible y ofrecer mayor flexibilidad al sistema eléctrico nacional. Sin embargo, el primer proceso de licitación no llegó a concretarse como estaba previsto.
En julio de 2024, las autoridades suspendieron la convocatoria al considerar que no cumplía con los requisitos mínimos para garantizar transparencia a los inversionistas ni mejoras en los precios de la electricidad para los consumidores. Esta decisión modificó el desarrollo de una iniciativa que había despertado interés en el sector energético regional, aunque no eliminó la intención de incorporar nuevas tecnologías de almacenamiento en la planificación eléctrica panameña.
El tema volvió a cobrar fuerza en julio de 2026, cuando el secretario nacional de Energía, Rodrigo Rodríguez, anunció que Panamá prepara dos nuevas licitaciones de potencia y energía para 2027. De acuerdo con sus declaraciones durante el foro Energyear Centroamérica 2026, los sistemas de almacenamiento con baterías tendrán una participación importante en los próximos procesos.
Asimismo, explicó que el programa de licitaciones se encontraba en revisión y que las capacidades requeridas y las tecnologías elegibles se darían a conocer entre noviembre y diciembre de 2026. Esta nueva etapa podría representar una oportunidad para fortalecer la seguridad energética de Panamá y facilitar una mayor participación de las energías renovables dentro de su matriz eléctrica.
No obstante, especialistas del sector han señalado que será necesario establecer reglas claras sobre la capacidad de almacenamiento, la duración de las baterías, sus funciones y los mecanismos de remuneración. Estos elementos serán determinantes para atraer inversiones, garantizar la viabilidad de los proyectos y evitar que los costos de las nuevas tecnologías se trasladen de manera desfavorable a los usuarios.
La experiencia panameña refleja uno de los principales desafíos de la transición energética: no basta con producir electricidad mediante fuentes limpias, también es necesario contar con infraestructura que permita almacenarla y distribuirla de manera eficiente. La combinación de generación renovable y baterías puede contribuir a construir un sistema eléctrico más adaptable frente a los cambios en la demanda y las condiciones climáticas. Por ello, las próximas convocatorias previstas para 2027 serán relevantes.














