Cambio climático

El cambio climático pone en riesgo una de las flores más emblemáticas de México 

El cultivo de cempasúchil, una flor estrechamente ligada a las tradiciones mexicanas atraviesa un panorama complicado debido a los cambios en las condiciones ambientales que afectan las actividades del campo.

Redacción Andrea García  

La producción de cempasúchil en México enfrenta nuevos desafíos ante las alteraciones climáticas que afectan las actividades agrícolas. Las variaciones de temperatura, las sequías y las lluvias irregulares han complicado el cultivo de esta flor emblemática del Día de Muertos. Esta situación genera preocupación entre los productores y pone en evidencia la vulnerabilidad del campo mexicano frente al cambio climático. 

De acuerdo con cifras de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), la producción nacional de cempasúchil disminuyó 29.4% durante 2025 respecto al año anterior. El volumen pasó de 20 mil 659 toneladas en 2024 a 14 mil 594 toneladas en 2025, lo que representa una reducción de 6 mil 65 toneladas. Estas cifras reflejan los desafíos que enfrenta el sector agrícola ante condiciones meteorológicas cada vez más variables. 

Puebla encabezó la producción nacional con 9 mil 651 toneladas, seguida de Hidalgo, con mil 200; San Luis Potosí, con 996; Oaxaca, con 995, y Guerrero, con 800 toneladas. La actividad de estas entidades resulta fundamental para abastecer los mercados durante octubre y noviembre, cuando aumenta la demanda de flores para decorar altares, panteones y hogares mexicanos. 

El clima altera los ciclos de cultivo 

Las variaciones ambientales pueden modificar el crecimiento de las plantas y sus periodos de floración. El Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) señala que las temperaturas elevadas representan un factor que puede afectar el desarrollo del cempasúchil, mientras que los cambios en las precipitaciones dificultan establecer calendarios de siembra. 

La falta de agua obliga a los agricultores a buscar alternativas para mantener el riego, mientras que las lluvias intensas pueden perjudicar los terrenos y las plantas. A estos riesgos se suman las heladas, que pueden ocasionar pérdidas en distintas actividades agropecuarias. En abril de 2025, el Gobierno de Puebla reportó afectaciones por bajas temperaturas en mil 187 hectáreas distribuidas en 32 municipios, aunque no especificó cuántas correspondían al cultivo de esta flor. 

Las consecuencias también llegan a la economía de los productores, quienes pueden enfrentar menores volúmenes de venta y mayores gastos en agua, fertilizantes y mano de obra. Debido a que la comercialización se concentra principalmente en la temporada de Día de Muertos, una cosecha afectada puede representar pérdidas importantes para las familias dedicadas a esta actividad. 

Buscan alternativas para proteger los cultivos 

Ante este panorama, especialistas destacan la importancia de adaptar las prácticas agrícolas para reducir los riesgos. Entre las alternativas se encuentra ajustar las fechas de siembra, mejorar el aprovechamiento del agua y aplicar técnicas que ayuden a conservar la humedad del suelo. Estas medidas pueden contribuir a disminuir los daños y mejorar las condiciones de producción. 

El CIMMYT también identifica al cempasúchil como una especie que puede incorporarse como abono verde en sistemas agrícolas diversificados. Por su parte, el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) trabaja en la investigación y conservación de variedades mexicanas, con el propósito de preservar sus recursos genéticos y favorecer su aprovechamiento en distintas regiones. 

A estas iniciativas se suman las Mesas Técnicas Agroclimáticas impulsadas por la Sader, donde productores, investigadores y autoridades intercambian información sobre las condiciones meteorológicas. Su objetivo es proporcionar recomendaciones que permitan anticipar posibles afectaciones y organizar mejor las actividades del campo. 

Una tradición que depende del campo mexicano 

El cempasúchil tiene un valor que va más allá de su presencia en las ofrendas. Su cultivo representa una fuente de ingresos para numerosas familias y mantiene activa una cadena económica que involucra a agricultores, transportistas y comerciantes. Por ello, las dificultades de producción también repercuten en las comunidades que dependen de su venta. 

Cada año, sus característicos pétalos naranjas y amarillos acompañan las celebraciones con las que las familias mexicanas recuerdan a sus seres queridos. Sin embargo, mantener viva esta tradición también requiere proteger las actividades agrícolas que hacen posible su disponibilidad. 

La reducción registrada durante 2025 pone de manifiesto la necesidad de fortalecer las estrategias de adaptación al cambio climático. La investigación, la asistencia técnica y el uso responsable de los recursos naturales serán fundamentales para respaldar a los productores y conservar el cultivo de una de las flores más representativas de México. 

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