Redacción: Michelle Velázquez Belmont
Mujeres indígenas contra crisis ambiental 2026, conservación de tortugas, jaguares, bosques y agua en territorios de América Latina.

Frente al deterioro ecológico global, las mujeres de diversas comunidades nativas en América Latina se han consolidado como guardianas fundamentales del entorno natural. Mediante la fusión de saberes heredados y estrategias comunitarias, lideran proyectos cruciales en Ecuador, México y Bolivia, orientados a la salvaguarda de especies en riesgo, la reforestación y la preservación de los recursos hídricos esenciales.
En la cuenca del río Aguarico, ubicada en la Amazonía de Ecuador, las recolectoras del pueblo siekopai, autonombradas “mujeres tortuga” o Tari Nomiowa’i, han asumido la misión de rescatar a la tortuga charapa, una variedad vulnerable. Este colectivo entrelaza la sabiduría ancestral con metodologías científicas locales para resguardar los nidos, supervisar la incubación de los huevos y asegurar el nacimiento de los ejemplares. Gracias a su dedicación, consiguieron reintroducir con éxito a doscientas ocho crías a su entorno fluvial en el periodo comprendido entre los años 2025 y 2026.
Por otra parte, en los ecosistemas densos de La Chinantla, situados en Oaxaca, México, las pobladoras de origen chinanteco han asumido un rol activo en la vigilancia ecológica desde el año 2023, impulsadas por reformas institucionales que fomentaron su integración en la gestión ambiental. Estas investigadoras comunitarias compaginan sus responsabilidades cotidianas, como las labores del hogar, la siembra del café y el cuidado de la milpa, con el manejo de tecnología de fototrampeo.
A través de cámaras ocultas, registran el tránsito de grandes depredadores como ocelotes, pumas y jaguares, convirtiéndose además en un referente inspirador para que las infancias de su localidad se comprometan con la defensa de su espacio geográfico.
Finalmente, en el Parque Nacional Tunari, en Bolivia, las integrantes de la organización Warmi Kewiña, pertenecientes al pueblo quechua, colaboran con especialistas de la entidad Faunagua para revertir la degradación de los ecosistemas de alta montaña. Su labor se enfoca en la reforestación de la kewiña, un árbol autóctono de vital importancia para capturar la humedad y asegurar el abastecimiento de agua dulce que beneficia a miles de habitantes de la región.
En el transcurso de las últimas seis temporadas, este esfuerzo colectivo ha permitido la plantación de más de un millón setecientos mil árboles, registrando un sobresaliente índice de adaptación y supervivencia del ochenta por ciento para el año 2025. Estas acciones demuestran que el liderazgo femenino indígena no solo mitiga los efectos del cambio climático, sino que redefine los modelos de conservación contemporáneos al colocar la equidad y la memoria histórica en el centro de la resistencia ambiental.

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