Combustibles fósiles Energías

Finanzas verdes contra la crisis climática global

Redacción: Arely Negrete 

La necesidad de transformar el sistema energético global ha dejado de ser un debate teórico para convertirse en un imperativo estratégico y de supervivencia.  

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En un contexto marcado por la inestabilidad geopolítica y la urgencia climática, surge una nueva alianza liderada por Colombia y los Países Bajos que busca trazar una hoja de ruta definitiva para el abandono de los combustibles fósiles. Actualmente, el sistema energético mundial es el responsable del 75% de las emisiones de gases de efecto invernadero.  

A pesar de los avances en tecnologías limpias, el carbón, el petróleo y el gas todavía representan casi el 80% del consumo energético global. Esta dependencia no solo alimenta la crisis climática, sino que expone a las naciones a una vulnerabilidad extrema ante conflictos internacionales. La escalada de tensiones en Medio Oriente y la invasión rusa en Ucrania han demostrado que la soberanía energética es imposible mientras se dependa de recursos finitos y geográficamente concentrados. 

La coalición entre estas dos naciones es significativa por lo que cada una representa. Colombia, un país del Sur Global con una biodiversidad inmensa, enfrenta el reto de transformar una economía donde los fósiles suponen casi la mitad de sus exportaciones. Para el gobierno colombiano, la transición no es solo un cambio de paneles solares por pozos petroleros; es la creación de una economía para la vida basada en el turismo comunitario, la bioinnovación y la agricultura agroecológica. 

Por otro lado, los Países Bajos representan la visión del Norte Global que busca seguridad y salud. La crisis de precios en Europa ha acelerado su transición hacia el acero verde y la eliminación de plantas de carbón. Para ellos, alejarse de los fósiles es una cuestión de sentido común estratégico. La energía limpia garantiza hogares más confortables y una economía más resiliente frente a choques externos. 

Del 24 al 29 de abril de 2026, Santa Marta, Colombia, se convierte en el epicentro de este movimiento. La primera Conferencia para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles no busca repetir promesas vacías, sino establecer una plataforma de apoyo técnica y política. El objetivo es que los países pasen del compromiso a la implementación real, abordando las barreras financieras que asfixian al Sur Global.  

El multilateralismo es clave aquí pues se proponen mecanismos innovadores como el canje de deuda por naturaleza e inversión social, permitiendo que las naciones en desarrollo inviertan en infraestructura verde sin comprometer su estabilidad financiera. Esta iniciativa busca alimentar la hoja de ruta que se discutirá en la COP30 y la COP31.  

La meta es clara, una gobernanza climática democrática que incluya a gobiernos locales, sindicatos y sociedad civil. El mensaje de las ministras Irene Vélez-Torres y Stientje van Veldhoven es contundente. El momento de hablar con honestidad sobre el fin de la era fósil es ahora. La transición energética no es un sacrificio, sino la oportunidad histórica de reconciliar la prosperidad económica con los límites del planeta. 

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