Redacción Carlos Villa
Es a través de la compra y certificación de bonos de carbono como se piensa insertar al flujo económico a la Sierra Tarahumara en Chihuahua, para sacarle provecho de forma sostenible al inmenso recurso natural con el que cuenta.

Durante mucho tiempo, las comunidades rurales que habitan partes de nuestro país donde la cobertura de teléfonos llega apenas con poca intensidad, no existe cableado para internet y prácticamente vivir sin la dependencia a la tecnología es posible, han sido históricamente rezagadas en el mundo laboral por las grandes empresas.
La inmensa e infinita Sierra Tarahumara es uno de los muchos ejemplos que vive México, una comunidad con un esplendor de recursos naturales, potencial y creatividad para desarrollar actividades en concordancia con el medio ambiente a otro nivel, pero cuyo potencial se ha visto obstaculizado frente a los corporativos.
Sin embargo, aquella brecha de falta de oportunidades para hacer negocios, prosperar como comunidad y aprovechar el ecosistema sin comprometerlo está siendo posible con el uso sostenible de su materia prima que cerca al sur de Chihuahua: troncos que crecen tan alto como busquen la luz del sol y que a la vez actúan como capturadores de carbono, actividad de la que se puede vivir.
Se trata de incluir a la Sierra Tarahumara en el mercado de bonos de carbono en el país, un espacio dedicado a que los corporativos o personas físicas acudan a realizar acciones para reducir su huella de carbono (su impacto ambiental) eliminando una tonelada métrica de dióxido de carbono a su equivalente con otros gases de efecto invernadero generados.
Cuando se acuden a estos espacios a resarcir el impacto de la huella, se les otorga un certificado, mismo que avala que aquella organización o persona ha contribuido a contrarrestar el daño ambiental que con sus acciones generó.
El proceso para que la Sierra Tarahumara se convierta en un punto atractivo para las industrias automotrices o aeronáuticas que busquen comprar bonos de carbono en estos espacios para reducir su huella ya comenzó, según la Secretaría Chihuahuense de Desarrollo Forestal.
Entre muchas de las acciones que deben comenzarse a emprender, implica la titánica labor de contabilizar cuántos árboles abarca la sierra, así como sus características perimetrales, longitudinales, altura, densidad, y todos los parámetros necesarios para calcular cuántas toneladas de carbono están presentes en este pulmón del noreste del país listos para ofrecerse.
El pulmón de Chihuahua, la Sierra Tarahumara, alberga siete millones de hectáreas de bosque, equivalentes a una tercera parte del territorio nacional lista para ser generadora de bonos. Lo que resulta una buena gestión de los recursos para incluir a la dinámica económica a esta región del país históricamente desplazada.

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