Redacción Fernando Ovando
En México, más de 3.4 millones de hogares recurren habitualmente a la quema de sus residuos como método de eliminación ante la insuficiencia de los servicios públicos de recolección y tratamiento, de acuerdo con la Encuesta Intercensal del INEGI. Esta práctica, registrada en el 8.65 por ciento de las viviendas particulares del país, genera consecuencias directas sobre la calidad del aire, la integridad de los ecosistemas y la salud de millones de personas.
El fenómeno exhibe una profunda desigualdad territorial. Mientras que en las grandes ciudades de 100 mil habitantes o más la cobertura de recolección alcanza el 91.1 % y la quema se reduce al 0.5 %, en las localidades rurales con menos de 2 mil 500 habitantes la recolección decae drásticamente y un 35.41 % de las viviendas quema sus desechos. Esta problemática se concentra especialmente en entidades como Chiapas, donde el 30.1 % de los hogares quema su basura, seguido por Oaxaca (28 %), Guerrero (26.5 %), Tabasco (25.7 %) y Veracruz (21.5%).
Asimismo, el Diagnóstico Básico para la Gestión Integral de los Residuos de la Semarnat advierte que el país genera diariamente miles de toneladas de residuos sólidos urbanos, de los cuales apenas un porcentaje mínimo recibe tratamiento adecuado, operando un número muy reducido de sitios bajo normas de relleno sanitario. A pesar de que los hogares rurales muestran mayor disposición histórica hacia la separación y el aprovechamiento doméstico de materia orgánica y materiales reciclables, la carencia de infraestructura oficial perpetúa esquemas de contaminación que exigen replantear el financiamiento municipal y las políticas públicas de saneamiento ambiental.














