Redacción Marlone Serrano
Gustavo Ernesto Figueroa Cuevas, Director General del Organismo de Cuenca Lerma-Santiago-Pacífico de CONAGUA, carga con una memoria que se ha convertido en misión: rescatar el río que lo vio crecer y que hoy es uno de los más contaminados de México.
El río limpio de la memoria
“Ese río era un río sano… íbamos a remar, a pasear, a pescar, aunque no pescáramos”, recuerda Figueroa sobre su infancia en Ocotlán. El río Santiago y el Lago de Chapala eran espacios de vida, regatas y gastronomía regional. El contraste es doloroso: “Regreso 53 años después y me encuentro contaminadas todas las aguas”.
El punto de quiebre
Las cataratas de Juanacatlán, antes un espectáculo natural, hoy son un cauce pestilente. La comunidad comenzó a hablar de un río “enfermo”, y esa percepción se convirtió en realidad con descargas industriales y domésticas sin control.
La llegada al cargo: un proyecto de vida
La vida lo llevó de regreso a Jalisco, primero en Liconsa y después en CONAGUA. Para él, encabezar el rescate del río y del lago es más que un trabajo: “Para mí es un proyecto de vida… buscar contribuir a rescatar estos lugares que no va a estar fácil”. Su compromiso no es solo administrativo, sino personal, ligado a sus raíces familiares en Chapala y Ocotlán.
El río como símbolo de justicia ambiental
La contaminación del Santiago no es solo un problema ecológico, sino social. La pérdida de un espacio de recreación y sustento golpea a las comunidades ribereñas. El concepto de justicia ambiental busca devolverles el derecho humano al agua y la posibilidad de disfrutar de sus ríos como espacios públicos.
Como Director General del Organismo de Cuenca Lerma-Santiago-Pacífico, Figueroa Cuevas afirma que rescatar el río y el lago es un esfuerzo colectivo, un compromiso que trasciende administraciones y que requiere voluntad ciudadana. Su visión es clara: que las futuras generaciones vuelvan a ver regatas, pesca y caldo michi en Ocotlán, y que el río Santiago deje de ser sinónimo de contaminación para convertirse nuevamente en fuente de vida.














