Redacción Atziri Gomez
Especialistas advierten que las altas temperaturas no solo impactan la salud física, sino también el bienestar psicológico al aumentar síntomas como ansiedad, irritabilidad, fatiga mental y alteraciones del sueño.

Las olas de calor y el aumento sostenido de las temperaturas se han convertido en uno de los fenómenos climáticos con mayor impacto sobre la vida cotidiana. Sin embargo, más allá de sus efectos físicos, especialistas señalan que el calor extremo también está generando consecuencias sobre la salud mental y el bienestar emocional de las personas.
Irritabilidad, ansiedad, fatiga mental, problemas para dormir y dificultades para mantener la concentración son algunos de los síntomas que pueden aparecer durante periodos prolongados de altas temperaturas, especialmente en entornos urbanos.
Así lo explica Andrea Mechelli, neurocientífica del King’s College de Londres e impulsor del proyecto Urban Mind, quien sostiene que el calor extremo funciona como un factor de estrés mental que altera tanto procesos biológicos como hábitos cotidianos, de acuerdo con la especialista, una parte importante de la población no suele relacionar el malestar emocional con el clima.
Aunque pocas personas consideran que el calor afecta directamente su salud psicológica, muchas reconocen sentirse agotadas, dormir peor o experimentar menor capacidad de concentración, para comprender este fenómeno, se analizaron historiales médicos electrónicos recopilados durante los últimos 12 años en Reino Unido y detectaron un incremento del uso de servicios relacionados con salud mental durante periodos de temperaturas extremas.
Los resultados mostraron un aumento del 7% en consultas comunitarias y un crecimiento del 6% en ingresos hospitalarios asociados con problemas de salud mental durante olas de calor, desde el punto de vista biológico, el calor puede provocar deshidratación, alteraciones del sueño y un mayor esfuerzo físico para mantener la regulación térmica del cuerpo, factores que terminan impactando el estado de ánimo y el equilibrio emocional.
En el plano psicológico, el efecto acumulado del calor prolongado puede traducirse en agotamiento mental y una percepción de que incluso las actividades más simples requieren más energía de la habitual, el problema puede intensificarse en ciudades debido al llamado efecto isla de calor.
Este fenómeno eleva las temperaturas urbanas por encima de las zonas periféricas debido a la concentración de edificios, superficies impermeables y menor presencia de vegetación, frente a este escenario, especialistas recomiendan adaptar las rutinas durante los días más cálidos, priorizar espacios frescos, mantener una hidratación adecuada y conservar el contacto social para evitar aislamiento.
También aconsejan aprovechar horarios con temperaturas más bajas para realizar actividades al aire libre y buscar espacios naturales o áreas con sombra, además entre las propuestas urbanas destacadas aparece la regla 3-30-300, desarrollada por el investigador holandés Cecil Konijnendijk, que plantea que cada persona debería poder observar al menos tres árboles desde su hogar, vivir en barrios con una cobertura vegetal del 30% y tener acceso a un área verde a menos de 300 metros.
Investigaciones impulsadas mediante plataformas como Urban Mind y NatureBoost también han encontrado que el contacto con la naturaleza puede generar beneficios prolongados sobre el bienestar emocional, incluso actividades sencillas como caminar entre árboles, escuchar aves o cuidar plantas pueden producir efectos positivos que se extienden durante varias horas.
Para los especialistas, prepararse para el calor extremo ya no significa únicamente resistir temperaturas elevadas, sino transformar espacios urbanos para proteger tanto la salud física como el equilibrio emocional de quienes habitan en las ciudades de mayor concentración urbana.
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