Clima y Crisis

El Atlántico permanece en calma ante una temporada de huracanes inusual 

El Atlántico registra una temporada de huracanes inusual por la influencia de El Niño, la cizalladura del viento y el polvo sahariano. 

Redacción: Jacqueline Sandoval  

La temporada de huracanes en el océano Atlántico atraviesa un escenario poco habitual, pues hasta el 27 de septiembre de 2026 no se ha formado ningún huracán en esta cuenca. Aunque el periodo comenzó en junio y concluirá el próximo 30 de noviembre, la actividad se ha mantenido limitada pese a que septiembre suele ser uno de los meses con mayor presencia de estos fenómenos. 

La situación está relacionada principalmente con la influencia de El Niño, un fenómeno atmosférico y oceánico que modifica las condiciones del Pacífico ecuatorial y también genera cambios en la atmósfera sobre el Atlántico. De acuerdo con EFE Verde, este comportamiento ha dificultado que las tormentas tropicales registradas durante la temporada puedan organizarse y alcanzar la intensidad necesaria para convertirse en huracanes. 

Samuel Biener, meteorólogo del portal Meteored, explicó que la ausencia de estos sistemas coincide con los pronósticos relacionados con El Niño. Para que una tormenta pueda intensificarse necesita condiciones atmosféricas favorables, pero este año se han presentado factores que han reducido esas posibilidades en diferentes zonas del Atlántico. 

Uno de ellos es la cizalladura vertical del viento, que consiste en cambios en la velocidad o dirección de los vientos a diferentes alturas. Cuando es elevada, puede desorganizar las tormentas tropicales e impedir que concentren su energía y desarrollen una estructura capaz de convertirse en huracán. 

A esta condición se suma la presencia frecuente de polvo sahariano desde mayo. Estas masas de aire seco y cargadas de partículas se desplazan desde el norte de África hacia el Atlántico y alcanzan algunas de las regiones donde suelen desarrollarse los sistemas tropicales. El aire seco dificulta la formación y fortalecimiento de las tormentas. 

Sin embargo, las aguas del Atlántico continúan presentando temperaturas cálidas que podrían proporcionar energía a los sistemas tropicales. Por ello, los especialistas mantienen la vigilancia sobre la evolución de las condiciones durante las próximas semanas. 

De acuerdo con Biener, octubre podría presentar un escenario más favorable para la formación de huracanes si disminuye la cizalladura del viento. Esto significa que la ausencia registrada hasta ahora no elimina la posibilidad de que aparezcan sistemas de mayor intensidad antes del cierre de la temporada. 

Un huracán que alcance tierra podría provocar daños importantes, especialmente si alcanza categorías 3, 4 o 5 en la escala Saffir-Simpson, consideradas las de mayor intensidad por sus fuertes vientos sostenidos. 

La temporada de 2026 todavía podría convertirse en un caso excepcional si concluye sin ningún huracán. Según EFE Verde, solo 1907 y 1914 terminaron sin registrar uno desde que existen registros, aunque en esas épocas la tecnología para detectar estos fenómenos era mucho más limitada. 

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