Redacción Amairany Ramírez
La capital armenia se convierte en el epicentro de las negociaciones ambientales globales del 19 al 30 de octubre al acoger la COP17 sobre biodiversidad, un encuentro internacional de alto nivel inaugurado con una cumbre que congrega a cerca de una decena de jefes de Estado. El propósito central de esta conferencia es evaluar los avances del marco global Kunming-Montreal —considerado el equivalente ecológico del Acuerdo de París sobre el clima—, el cual fija 23 metas concretas para frenar la destrucción de los ecosistemas. Sin embargo, las delegaciones inician sus labores bajo la alerta de alarmantes retrasos en el cumplimiento de los compromisos gubernamentales, en un contexto dominado por la deforestación, la contaminación de los océanos y el persistente estímulo financiero a actividades nocivas para el entorno natural.
El camino hacia el cumplimiento de los objetivos pactados para 2030 se desarrolla en un entorno diplomático particularmente complejo. Astrid Schomaker, responsable de biodiversidad de la Organización de las Naciones Unidas y secretaria ejecutiva del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB), admitió ante la AFP la necesidad de no pecar de ingenuidad ante la coyuntura internacional. La funcionaria destacó que la geopolítica interviene de lleno en los debates ecológicos, aludiendo a los conflictos bélicos en Oriente Medio y Ucrania, así como a las presiones presupuestarias, la deuda y las múltiples demandas concurrentes que desvían la atención de los gobiernos.
Aunque Schomaker defiende que las metas fijadas para finales de la década continúan siendo alcanzables si se aplican reformas estructurales en sectores políticamente sensibles como la agricultura y los combustibles fósiles, advirtió tajantemente que la velocidad de avance actual es “demasiado lenta”. Las evaluaciones preliminares apuntan a que los rezagos derivan de una ambición insuficiente por parte de los Estados y de una evidente falta de alineación entre los planes nacionales y los tratados globales. Frente a esto, organizaciones ecologistas como Greenpeace International reclaman medidas inmediatas; su especialista An Lambrechts enfatizó que la cita de Ereván debe marcar un cambio de rumbo inequívoco donde los líderes abandonen las promesas retóricas y sellen resoluciones vinculantes.
Las consecuencias de la inacción y la presión en la ONU
El coste de postergar las acciones requeridas amenaza con acelerar crisis irreversibles para el planeta. Brian O’Donnell, director de la organización conservacionista Campaign for Nature, alertó que la carencia de progresos sustanciales desembocará en la extinción masiva de especies, tormentas significativamente más devastadoras y un incremento de enfermedades de origen genético.
Este balance se presentará de forma oficial durante una sesión plenaria encabezada por el secretario general de la ONU, António Guterres, programada a menos de un mes de que inicie la cumbre climática COP31 en Turquía, marcando un termómetro decisivo para la diplomacia ambiental.
El aspecto financiero se perfila como el nudo más conflictivo de las deliberaciones en Ereván. De acuerdo con estimaciones de la ONU, los gobiernos del mundo continúan canalizando 2,6 billones de dólares anuales hacia subsidios que degradan el medio ambiente. En términos comparativos, por cada dólar destinado a preservar o recuperar la naturaleza, se gastan aproximadamente 30 dólares en incentivar su destrucción. En respuesta a esta brecha, un colectivo de 130 corporaciones emitió una carta exigiendo a los mandatarios reformar urgentemente los incentivos fiscales que propician el agotamiento de los recursos del planeta. Para Agnès Hallosserie, experta del Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales (Iddri), lograr compromisos en este rubro e involucrar activamente al sector agrícola bastaría para catalogar como exitosa la COP17.
A este escenario se suma el crítico rendimiento del “Fondo Cali”, creado en 2025 para redistribuir a las naciones en desarrollo parte de las utilidades que empresas de países desarrollados obtienen mediante el uso de recursos genéticos. Pese a que el mecanismo fijó una meta de recaudación de 1.000 millones de dólares anuales, hasta la fecha solo ha captado 6.000 dólares. Schomaker reconoció que este arranque ha sido sensiblemente más lento de lo proyectado, obligando a la cumbre a transparentar y auditar la procedencia y el destino real de los flujos de financiación.














