Redacción: Melody Escobar
La desertificación y la crisis hídrica representan dos de los mayores desafíos ambientales actuales. Conoce cómo se relacionan, cuáles son sus principales causas, sus impactos en la producción de alimentos y las acciones que pueden ayudar a combatir estos problemas.

La descertificación y crisis hídrica se han convertido en dos de los desafíos ambientales más preocupantes del siglo XXI, aunque suelen analizarse por separado, especialistas, advierto en que ambos fenómenos están estrechamente relacionados y se retroalimentan, generando consecuencias cada vez más graves para los ecosistemas, la producción de alimentos y acceso al agua potable en distintas regiones del mundo.
La de certificación se refiere al proceso de degradación de los suelos en zona áridas, semiáridas y secas, provocado tanto por actividades humanas, como por los efectos del cambio climático. Por su parte, la crisis hídrica ocurre cuando la demanda de agua supera la cantidad disponible o cuando su calidad no permite satisfacer las necesidades de la población juntas, estas problemáticas forman un círculo vicioso, que amenaza la seguridad alimentaria y el bienestar de millones de personas.
Uno de los principales problemas es que la falta de agua provoca la muerte de la vegetación que protege los suelos. Sin árboles, arbustos y plantas que ayudan a conservar la humedad, la tierra queda expuesta a la erosión causada por el viento y las altas temperaturas, esto reduce aún más la capacidad del suelo para retener agua y nutrientes esenciales para la agricultura.
Cuando finalmente llegan las lluvias, el terreno desagrado tiene dificultades para absorber el agua, en lugar de filtrarse hacia los mantos, acuíferos, gran parte de líquido, escurre sobre la superficie, arrastrando la capa fértil de la tierra y agravando, tanto la descertificación como la escasez hídrica este fenómeno también incrementa el riesgo de inundaciones repentinas, se reduce la disponibilidad de agua subterránea.
Entre las principales causas de estos problemas se encuentra la deforestación, la sobreexplotación agrícola y el cambio climático. La eliminación de bosques destruye las raíces que ayudan a mantener la humedad del suelo, mientras que las prácticas agrícolas intensivas agotan los nutrientes de la tierra y requieren grandes cantidades de agua para mantenerse productivas. A esto se suma el aumento de las temperaturas globales, que acelera la evaporación y prolongan los periodos de sequía.
Las consecuencias ya son visibles en diversas regiones del planeta. Organismos internacionales estiman que cada año se pierden millones de hectáreas de tierras cultivables debido a la degradación del suelo, además, como se prevé que en las próximas décadas más de la mitad de la población mundial, podría enfrentar condiciones de escasez extrema de agua.
La falta de recursos también está impulsando las llamadas, migraciones climáticas, comunidades enteras se ven obligadas a abandonar sus tierras en busca de mejores condiciones de vida, generando nuevos desafíos, económicos y sociales para los países receptores. Sin embargo, expertos señalan que aún existen alternativas para enfrentar esta situación. La reforestación es una de las herramientas más efectivas, ya que los árboles ayudan a conservar la humedad, proteger el suelo y favorecer la infiltración del agua. Asimismo, la agricultura sostenible, basado en rotación de cultivos y sistemas de riego eficientes, como el goteo, permite aprovechar mejor los recursos hídricos.
Otras estrategias incluyen la construcción de terrazas agrícolas, zanjas de infiltración y obras de conservación de suelo, que facilita en la captación del agua de lluvia. Estas medidas no sólo ayudan a recuperar tierras degradadas, sino que también fortalecen la resiliencia de las comodidades, frente a los efectos del cambio climático.
Frente a un escenario decreciente, presión sobre los recursos naturales, combatirla desertificación la crisis hídrica se ha convertido en una tarea fundamental para garantizar el acceso al agua, la producción de alimentos y la calidad de vida de las futuras generaciones.

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