Redacción Marlone Serrano
México asume la presidencia del Comité NAPA y fortalece su liderazgo ambiental en América del Norte. La CONANP impulsa cooperación internacional para proteger áreas naturales, especies emblemáticas y corredores biológicos frente al cambio climático y las amenazas ecológicas.

En la entrevista de este mes, platicamos con uno de esos perfiles que da gusto encontrar en la Administración Pública Federal, de esos que, si tienen tablas para abordar el tema que administran, que no solo hablan desde la experiencia sino desde una sólida formación académica.
El doctor José Feliciano González Jiménez, Director General de Fortalecimiento Institucional y Temas Internacionales de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), adscrita a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), habló en exclusiva con Ambiental News sobre el significado de que México presida el Comité Intergubernamental de Cooperación para la Conservación de Áreas Naturales Protegidas de América del Norte, conocido como NAPA. En una conversación extensa y profunda, el también doctor en Economía desglosó los retos, logros y perspectivas de la conservación en la región, así como el papel que los medios, el empresariado y la sociedad civil deben jugar en esta agenda.
¿Qué es el Comité NAPA y por qué importa?
El Comité Intergubernamental de Cooperación para la Conservación de las Áreas Naturales Protegidas de América del Norte, denominado NAPA por sus siglas en inglés, es un mecanismo de colaboración entre las principales agencias responsables del manejo y la conservación de áreas protegidas de Canadá, Estados Unidos y México.
“Lo que hace es proponer un mecanismo de colaboración entre las agencias de conservación de áreas protegidas con sus diferentes agendas para coordinarnos de manera estratégica en esta gran región de Norteamérica”, explicó González Jiménez. El comité lleva al menos 20 años de existencia formal, aunque los esfuerzos de cooperación entre los tres países datan de mucho antes. En ese sentido, el doctor aclaró que la institucionalización es relativamente reciente —la propia CONANP tiene apenas 25 años, pero que las alianzas que formaliza tienen raíces profundas y una historia de décadas.
México en la presidencia: diplomacia ambiental y liderazgo regional
Que México asuma la presidencia del Comité NAPA no es un hecho menor. De acuerdo con González Jiménez, la llegada de la doctora Alicia Bárcena a la Semarnat marcó un giro importante en la postura internacional del país en materia ambiental: “llega mucho esta idea de impulsar la diplomacia ambiental, de promover la presencia de México, de aprovechar el liderazgo que México tiene en la presencia de foros multilaterales”.
A eso se suma el arribo del doctor Pedro Álvarez-Icaza a la titularidad de la CONANP, lo que, según el funcionario, impulsó el rol de México como nación conciliadora en la región. Cabe señalar que la presidencia no llegó en el turno ordinario: la sostenía Canadá, pero ante el proceso de transición que vivía Estados Unidos en sus propias agencias de conservación, México fue nombrado por consenso como titular de la mesa, asumiendo así también un rol de estabilizador regional.
“Es un reconocimiento a su diplomacia, es un reconocimiento también a su capacidad técnica”, afirmó González Jiménez, destacando que México cuenta con científicas y científicos de primer nivel dedicados al cuidado de las áreas protegidas, aunque esta fortaleza sea, a su juicio, poco apreciada.
Objetivos estratégicos: conocimiento compartido y biodiversidad sin fronteras
Los ejes de trabajo que México busca impulsar durante su presidencia de NAPA giran en torno a la cooperación técnica y al reconocimiento de que la biodiversidad no respeta líneas fronterizas. “Las especies no tienen fronteras, somos una región, pertenecemos a un solo macizo”, reiteró el entrevistado, parafraseando el discurso de la secretaria Bárcena.
Entre los objetivos específicos, González Jiménez mencionó el fortalecimiento de mecanismos de transferencia de conocimiento, el fomento de capacidades técnicas y la búsqueda de agendas comunes entre los tres países. Especies como la icónica mariposa monarca, las ballenas del Pacífico o el bisonte del norte ilustran esas agendas compartidas. “Los problemas que enfrentamos hoy no los va a poder resolver ningún país de manera independiente”, subrayó.
Los retos compartidos: presiones externas a las áreas protegidas
Uno de los puntos más reveladores de la entrevista fue el análisis de las amenazas que enfrentan las áreas naturales protegidas en los tres países. Según González Jiménez, las principales presiones no vienen de dentro de las áreas, sino de su entorno inmediato: actividades agrícolas, desarrollos inmobiliarios, turismo mal gestionado y uso de pesticidas.
“Las principales amenazas de las áreas protegidas van a estar siempre fuera. Fuera de la agenda y fuera de la demarcación”, señaló. Y apuntó que el reto no es eliminar estas actividades económicas —todas necesarias— sino aprender a convivir con ellas de manera responsable, a través de instrumentos de coordinación como NAPA.
El uso de pesticidas que afectan la fauna, la presión sobre recursos hídricos por parte del turismo o la generación de desechos sólidos en zonas de alto valor ecológico son algunos de los problemas concretos que el Comité busca abordar con soluciones compartidas.
Calakmul, Revillagigedo y el cóndor de California, casos emblemáticos de ANP.
Para ilustrar la diversidad y el potencial de las áreas naturales protegidas de México, González Jiménez citó dos casos nacionales y uno de cooperación binacional que resultan especialmente elocuentes.
Calakmul, en la Península de Yucatán, cuenta con doble distinción internacional: reserva de la biosfera y Patrimonio Mundial de la UNESCO. Además, registra altos índices de efectividad en su manejo, con personal suficiente, monitoreo de especies y cumplimiento de metas programáticas.
Revillagigedo, área natural protegida marina en el Pacífico, abarca cerca de 14.5 millones de kilómetros cuadrados y funciona como zona de anidación y maduración de peces. Aunque al inicio generó resistencia entre pescadores locales, con el tiempo demostró su valor económico: al proteger a las especies dentro del área, estas salen al perímetro en mejores condiciones para su captura, incrementando la biomasa y los beneficios económicos de la pesca.
El caso más llamativo es, quizá, el del cóndor de California. Esta especie encontró refugio en la Sierra de San Pedro Mártir, en Baja California, debido a que en el lado californiano de la frontera el uso de plomo en actividades de caza contamina los restos de animales que consume el cóndor, causando su envenenamiento progresivo. En México, la legislación en áreas naturales protegidas prohíbe ese tipo de caza, lo que ha permitido que la especie prospere con el apoyo de un sistema de rastreo satelital y un equipo de especialistas con décadas de experiencia. “Es un ejemplo de cómo una cooperación binacional funciona”, afirmó el doctor.
En sentido inverso, el lobo mexicano se extinguió en nuestro territorio, fue capturado en Estados Unidos y devuelto a México en un proceso de reintroducción que hoy avanza. “Es un ir y venir”, resumió González Jiménez.
Corredores biológicos: la naturaleza no conoce fronteras
Uno de los conceptos centrales de la agenda trinacional es el de los corredores biológicos, esos espacios de conectividad ecológica que permiten el movimiento de especies entre áreas protegidas. Algunos ejemplos son: el corredor entre Maderas del Carmen, en México, y el Big Bend, en Texas; estos corredores son clave para diversas especies, como los albatros de patas negras que parten desde la Isla Guadalupe hacia Hawái o Canadá, y son rastreados mediante dispositivos satelitales.
En el sur, México impulsa junto con Guatemala y Belice el corredor biocultural de la Gran Selva Maya, que además de las áreas ya decretadas como protegidas establece premisas para acciones de conservación fuera de esas demarcaciones. “Un jaguar va a caminar igual por Guatemala, igual por Belice, por México, y no va a hacer trámite migratorio”, ilustró González Jiménez con una frase que resume con precisión el argumento ecológico detrás de esta visión.
El reto de la comunicación: CONANP, una institución poco conocida
A pesar de su relevancia, la CONANP enfrenta un serio déficit de visibilidad pública. “Si tú sales aquí afuera de la oficina a preguntarle a la gente qué es CONANP, no nos ubican“, señaló el funcionario. Desde su perspectiva, la institución necesita trabajar en una estrategia de comunicación más sólida que le permita transmitir a la ciudadanía por qué importa lo que hace.
Los mensajes clave que González Jiménez considera urgentes son: que los recursos naturales en México se encuentran en una etapa crítica, que es necesario generar alternativas para las comunidades que dependen de ellos, y que las regiones con mayor biodiversidad del país —como Chiapas y Oaxaca— son simultáneamente las más pobres en términos económicos. “Las zonas más ricas en biodiversidad de nuestro país son, al mismo tiempo, las más pobres monetariamente hablando“, dijo.
El empresariado y la conservación: una alianza pendiente
Uno de los diagnósticos más directos de la conversación fue el relativo al sector privado. González Jiménez señaló que los mensajes de la CONANP no están llegando al empresariado y que la colaboración con ese sector es aún insuficiente. “Los empresarios no están financiando el sector ambiental”, afirmó, y atribuyó esto en parte a una percepción errónea de lo que significa conservar.
“La conservación de la biodiversidad es apostarle a la ciencia”, enfatizó, y no simplemente sembrar árboles o hacer campañas de reforestación. En su propuesta, las empresas pueden acercarse a cualquiera de las nueve direcciones regionales de la CONANP en el país para presentar proyectos que sean verificables, eviten el greenwashing y contribuyan al manejo sostenible de recursos naturales. Puso como ejemplo a las embotelladoras, que dependen del recurso hídrico a largo plazo y pueden beneficiarse de esquemas de compensación ambiental mientras mejoran su imagen ante las comunidades donde operan.
“Queremos hacerlo sostenible con ellos, los empresarios, y con las empresas mexicanas”.
Las áreas naturales protegidas como motor económico
Desde su doble formación como economista y experto ambiental, González Jiménez ofreció una perspectiva que va más allá del discurso ecológico. Citó un estudio de Elgef que con evidencia científica demostró que la deforestación en áreas naturales protegidas de México disminuyó al menos un 20% a partir de 2016. En contraste, el Petén guatemalteco perdió el 20% de su masa forestal en las últimas dos décadas, lo que equivale —en términos económicos— a una pérdida equivalente de riqueza para sus habitantes.
“Tenemos que asumir que la protección de recursos naturales es la protección de recursos para la vida”, concluyó, y añadió que hace falta avanzar en la valoración económica de los servicios ecosistémicos. Su visión de futuro apunta a complementar las áreas naturales protegidas con otros mecanismos: conservación comunitaria, conservación privada y esquemas que mejoren directamente la calidad de vida de las poblaciones locales.
El papel de los medios: corresponsabilidad y urgencia
Ante la pregunta directa sobre el rol del periodismo en esta agenda, González Jiménez fue contundente: los medios deben ayudar a difundir que los recursos naturales no son un lujo, sino la base de la supervivencia humana. La intensificación de los fenómenos naturales —huracanes más destructivos, inundaciones más frecuentes— no es azarosa: tiene que ver con la pérdida de barreras naturales como los manglares, cuya destrucción en la Península de Yucatán y en Acapulco ha agravado los daños de los fenómenos meteorológicos extremos.
“La naturaleza está ahí para protegernos. Pero cuando nosotros desequilibramos la naturaleza, entonces no solo nos deja de proteger, sino que nos exhibe tan vulnerables como somos“, reflexionó.
El mensaje que propone transmitir es el de la corresponsabilidad: el cambio climático es consecuencia directa de la actividad humana, y la restauración del equilibrio ambiental es una responsabilidad compartida entre gobiernos, empresas, comunidades y ciudadanos. Es claro que cuando las instituciones son encabezadas por actores no improvisados, sino por especialistas en sus materias, la ciudadanía puede confiar en que nuestras instituciones trabajarán por el bien de México.

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