Redacción: Michelle Velázquez Belmont
EPA aprueba pesticidas con PFAS químicos eternos: impacto ambiental de sustancias fluoradas, regulación de pesticidas en Estados Unidos, riesgos a la salud y contaminación del agua.
El organismo encargado de la salvaguarda ecológica en territorio estadounidense ha provocado una intensa controversia tras otorgar el visto bueno a la comercialización de novedosos productos fitosanitarios que incorporan en su estructura enlaces químicos de carbono y flúor. Esta determinación ha encendido las alarmas entre diversas organizaciones ambientalistas, las cuales sostienen con firmeza que estos componentes forman parte de las catalogadas sustancias químicas de carácter permanente, un grupo de elementos ampliamente temidos por su nula degradación natural y su potencial nocivo para el entorno y la salud pública.
Por su parte, la institución gubernamental ha salido en defensa de su resolución argumentando que, bajo los parámetros normativos que rigen actualmente, estos nuevos agroquímicos no pueden ser tipificados dentro de dicha categoría de riesgo.
El sustento técnico de la entidad radica en que las moléculas de estos plaguicidas poseen únicamente un átomo de carbono que ha sido sometido a un proceso de fluoración, una característica que las sitúa fuera de los límites de la clasificación oficial. Asimismo, la autoridad federal recordó que este criterio de delimitación no es fortuito, sino que fue establecido de manera deliberada durante la gestión del mandatario Joe Biden, fundamentándose en los reportes y las evidencias científicas de las que se disponía en aquel periodo para dejar fuera a este tipo de compuestos específicos.
No obstante, esta postura institucional es profundamente rechazada por los defensores de la naturaleza, quienes califican la interpretación oficial como una lectura demasiado restrictiva y conveniente que ignora los peligros reales. Las asociaciones civiles argumentan que, si se aplicaran los lineamientos internacionales promovidos por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, estos plaguicidas sí tendrían que ser declarados de forma inmediata como parte de esa familia de compuestos químicos persistentes.
El núcleo de la preocupación radica en el comportamiento de la sustancia una vez que entra en contacto con el medio ambiente. Aunque la molécula inicial tiende a desintegrarse con relativa rapidez en los ecosistemas, el verdadero problema surge con los residuos derivados de esa descomposición, los cuales se transforman de manera casi inevitable en un ácido de cadena extremadamente corta.
Este subproducto residual posee una resistencia ambiental tan formidable que su desaparición total de la naturaleza podría demorar más de cien años. Además, debido a sus dimensiones moleculares diminutas, resulta técnicamente imposible separar o filtrar este contaminante de los suministros de agua potable, lo que representa una seria amenaza de contaminación a largo plazo para los recursos hídricos vitales de la población.














