Redacción: Ana Ruiz
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo anunció la conformación de un grupo interdisciplinario de especialistas para evaluar la viabilidad de explotar gas no convencional en México mediante técnicas de fracking con menor impacto ambiental.

El fracking es una técnica que consiste en fracturar el suelo para extraer gas y petróleo. Por muchos años estuvo prohibido en el país por considerarse una práctica altamente dañina para el medio ambiente. Pero ahora será el próximo proyecto del gobierno de la mandataria por lo que buscan encontrar la manera de hacer un fracking sustentable, considerando no solo impacto ambiental sino también social con respecto a las comunidades y pueblos indígenas.
Para lograrlo, se convocó a un grupo de científicos y expertos de diferentes instituciones educativas y de investigación que durante los próximos meses estudiarán las formas en las que sería posible realizar esta práctica, considerando costos y consecuencias. Un comité de 17 científicos serán los encargados de estudiar si es viable o no en México el fracking o la fractura hidráulica para obtener gas no convencional.
En la comisión participan instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Instituto Politécnico Nacional (IPN), la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), así como el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua, el Instituto Mexicano del Petróleo y la Universidad Autónoma de Nuevo León. La finalidad de la comisión es un análisis técnico para saber en qué lugares y qué tan factible es en el País la factura hidráulica.
Ante esta noticia, distintas organizaciones ambientales se posicionaron en contra y revirtieron lo dicho por la mandataria: el fracking sustentable no existe. Así lo establecieron en un comunicado más de 80 organizaciones civiles no gubernamentales, entre las que se encuentra Alianza Mexicana contra el fracking, Greenpeace México, Asamblea de los Pueblos Indígenas del Istmo de Defensa de la Tierra y el Territorio, y otras organizaciones indígenas y ambientales.
Andrés Manuel López Obrador, durante su gobierno conservó su negativa respecto a recurrir al fracking. Más de una vez se le escuchó negar esta práctica como una de las más perjudiciales para el país. Cuando la presidenta Claudia Sheinbaum inició su campaña como predecesora de AMLO, prometió continuar con esa política y garantizó que tampoco recurriría al fracking como técnica para extraer gas natural. Decisión que mantuvo hasta hace unos días.
¿El fracking es bueno o malo?
Aunque parece una solución para acceder a nuevas reservas energéticas, el fracking es una práctica intrínsecamente dañina para el medio ambiente y las comunidades cercanas. Las consecuencias del fracking incluyen un consumo masivo de agua, la contaminación irreversible de fuentes hídricas subterráneas y superficiales, la liberación de potentes gases de efecto invernadero como el metano y la generación de graves riesgos para la salud pública.
Al saber que es el fracking y la infraestructura que requiere, se comprende su incompatibilidad con la agricultura sostenible, debido al deterioro ambiental que provoca, ya que exige una necesidad de perforación continua y, por ende, una fuente de contaminación continua.
¿Qué pasa con el agua que se utiliza en el fracking?
El impacto sobre el agua es doble y devastador. El proceso completo de explotación, desde la perforación hasta la distribución, libera enormes cantidades de metano. Datos de la Alianza Mexicana contra el fracking estiman que las fugas de este gas en proyectos de fracking pueden ser un 30% superiores a las de proyectos de gas convencional, lo que acelera de forma significativa el calentamiento global.
Además, se desconoce la cantidad exacta de las sustancias que se agregan al agua porque se considera secreto industrial. Sin embargo, investigaciones como la de la especialista en salud ambiental Theodora Colborn, del Instituto de Cambio y Alteración Endocrina de Colorado señalan que se usan entre 600 y 750 ingredientes, desde compuestos relativamente inocuos como granos de café, hasta sustancias tóxicas como plomo, arsénico y mercurio. De estas, al menos el 25% pueden causar cáncer y mutaciones, mientras que más del 50% pueden provocar daños en el sistema nervioso.
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