Redacción: Regina Melo Rodríguez
El desecho de residuos contaminantes es parte de las pérdidas económicas para la pesca y el turismo en la costa. Para solucionar esta crisis ambiental, la ONU impulsa la creación de un acuerdo internacional que disminuya la fabricación de materiales desechables.

Con motivo del Día Mundial de los Océanos, las Naciones Unidas presentaron un reporte preocupante acerca del efecto destructivo que tiene la basura dentro del entorno marino. En la actualidad, se calcula que las descargas de desperdicios plásticos llegan a la alarmante cantidad de 52.1 millones de toneladas métricas anuales. La gran acumulación de estos desechos es causada por fallas como arrojar suciedad directamente en las calles y la falta de redes de recolección efectivas.
Especialistas aclaran que lo que se muestra visible en la arena y la superficie representa solamente una pequeña parte de la crisis verdadera, cerca del 3% o 4%. La mayor parte de estos elementos contaminantes se localiza hundida en las profundidades o fragmentada en pequeñas partículas que son realmente difíciles de retirar. Esta catástrofe silenciosa destruye las colonias de corales y modifica de forma negativa el espacio de vida de múltiples especies originarias.
Los microplásticos representan una amenaza que va en aumento, partículas que son de un tamaño menor a los cinco milímetros flotan en las corrientes del planeta. Se calcula que existen aproximadamente 24.4 billones de estas partículas diminutas moviéndose por el agua superficial. Las criaturas marinas de menor tamaño confunden estos restos con alimento, absorbiendo químicos dañinos que perjudican sus defensas corporales e interrumpen su desarrollo biológico natural.
La concentración de estos componentes nocivos se eleva a medida que avanza la cadena alimenticia, alcanzando finalmente a las especies más grandes que son consumidas por los seres humanos. Diversas investigaciones confirman la existencia de evidencia clara sobre la ingesta de plásticos en por lo menos 386 variedades de peces comerciales. Esto nos demuestra que el daño al medio ambiente dejó de ser un simple conflicto ecológico para volverse un peligro de salud pública.
Por otro lado, los artículos creados para un solo uso constituyen el origen principal de mugre, concentrando el 40% de los desperdicios globales. Los esquemas clásicos como el reciclaje resultan insuficientes para resolver el escenario actual en el que nos encontramos con esta problemática. El plan central tiene que centrarse en detener la producción en masa de estos empaques rápidos y rediseñar las envolturas comunes utilizando materiales que sean de origen biodegradable.
A la par de las afectaciones ambientales, este panorama genera pérdidas monetarias de miles de millones de dólares a los ramos comerciales que viven de la costa. Los negocios hoteleros, las embarcaciones de carga y los pescadores tradicionales sufren impactos graves a causa de los altos costos de saneamiento local. La presencia de basura reduce el atractivo de los destinos vacacionales y arruina de forma definitiva las herramientas que se utilizan para la pesca.
Para corregir esto,especialistas de la ONU plantean la urgente necesidad de un pacto global que obligue legalmente a todos los países a proteger sus aguas. Sin embargo, tras transcurrir seis años de pláticas, los 193 países miembros aún no logran firmar el tratado final. Distintos gobiernos muestran temor de que las prohibiciones afecten sus ingresos internos, lo que retrasa las decisiones indispensables para rescatar el bienestar de nuestro planeta.

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