Redacción: Michelle Velázquez Belmont
Países y empresas adoptan el Protocolo de Capital Natural para valuar recursos. El Banco Mundial impulsa ir más allá del PIB para lograr un desarrollo sostenible.

El capital natural representa el inventario de recursos renovables y no renovables de la Tierra, como las plantas, los animales, el aire, el agua, los suelos y los minerales, que se combinan para producir un flujo de beneficios para las personas. A pesar de su importancia crítica para la supervivencia humana y la prosperidad económica, históricamente ha sido ignorado en los sistemas tradicionales de contabilidad.
Esta omisión ha llevado a una gestión ineficiente de los recursos y a la degradación de ecosistemas esenciales. Para abordar este desafío, han surgido marcos fundamentales como el ‘’Protocolo del Capital Natural’’ de la Capitals Coalition y la iniciativa de ‘’Contabilidad del Capital Natural’’ promovida por el Banco Mundial, los cuales buscan integrar el valor de la naturaleza en el corazón de la toma de decisiones tanto en el sector público como en el privado.
El Protocolo del Capital Natural es un marco estandarizado diseñado específicamente para el mundo empresarial. Su propósito es ayudar a las organizaciones a identificar, medir y valorar sus impactos directos e indirectos en el capital natural, así como su dependencia del mismo. El protocolo se basa en una estructura lógica que guía a las empresas a través de cuatro etapas fundamentales: marco, alcance, medición y valoración, y aplicación.
En la etapa de marco, las empresas definen por qué deben realizar una evaluación, identificando riesgos como la interrupción del suministro de materias primas o cambios regulatorios. La etapa de alcance permite determinar qué activos naturales son más relevantes para la operación de la empresa, ya sea el uso del agua en procesos de manufactura o la dependencia de los servicios de polinización para la agricultura.
Una vez definido el alcance, el proceso de medición y valoración utiliza datos cuantitativos y cualitativos para entender la magnitud del impacto o la dependencia. Esto no necesariamente implica poner un precio monetario a la naturaleza en todos los casos, sino entender su valor relativo para el negocio y la sociedad. Finalmente, la etapa de aplicación asegura que esta información se integre en la estrategia corporativa, mejorando la gestión de riesgos, identificando nuevas oportunidades de negocio y fortaleciendo la relación con los inversores y otras partes interesadas que exigen cada vez más transparencia en temas ambientales.
Por otro lado, desde la perspectiva de las naciones y el sector público, el Banco Mundial ha liderado esfuerzos significativos a través de la Alianza Mundial para la Contabilidad de la Riqueza y la Valoración de los Servicios de los Ecosistemas. El argumento central de esta iniciativa es que los indicadores económicos tradicionales, como el Producto Interno Bruto, son insuficientes para medir el bienestar y la sostenibilidad a largo plazo.
El PIB mide la producción económica corriente pero no refleja la pérdida de activos naturales que sustentan dicha producción. Por ejemplo, un país puede aumentar su PIB mediante la tala indiscriminada de sus bosques, pero esto representa una liquidación de su patrimonio natural, no un crecimiento sostenible.
La contabilidad del capital natural busca corregir este sesgo mediante la creación de cuentas ambientales y económicas integradas que registren el stock de recursos y los servicios ecosistémicos que estos proveen, como la regulación hídrica o la captura de carbono.
La integración de estos enfoques es esencial para transformar el modelo económico actual hacia uno que reconozca los límites del planeta. Al adoptar la contabilidad del capital natural, los gobiernos pueden diseñar políticas públicas más efectivas, asegurando que la gestión del agua, la energía y el suelo sea resiliente ante el cambio climático. A nivel corporativo, el uso del protocolo permite a las empresas pasar de una visión centrada únicamente en la reducción de impactos negativos a una estrategia de creación de valor que incluya la regeneración de la naturaleza.
En conjunto, estas herramientas proporcionan el lenguaje común necesario para que los sectores financiero, empresarial y gubernamental colaboren en la protección del capital natural, garantizando que los beneficios que la naturaleza ofrece hoy sigan disponibles para las generaciones futuras en un mundo donde la prosperidad económica ya no dependa de la degradación ambiental.

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