Redacción Fernando Ovando
El sector agrícola en México atraviesa un panorama complejo tras confirmarse reducciones drásticas en el volumen de producción de diversos alimentos prioritarios para el país. De acuerdo con los registros recientes de la Encuesta Nacional Agropecuaria elaborada por el INEGI, factores combinados como el cambio climático, la escasez hídrica, la inseguridad y el incremento en los costos de operación han impactado severamente el rendimiento de las cosechas a nivel nacional.
Entre los casos más destacados se encuentra el cultivo de trigo a cielo abierto, el cual experimentó un desplome del 46.6 %, al pasar de una producción de 3.1 millones de toneladas en 2022 a 1.7 millones en el periodo más reciente. Asimismo, rubros de alta demanda como el jitomate registraron una contracción del 30 %, reduciéndose de 1.4 millones a un millón de toneladas, mientras que la producción de aguacate disminuyó un 9.5 %.
Representantes de organismos empresariales y agropecuarios, como Juan Cortina del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) y Luis Fernando Haro del Consejo Nacional Agropecuario (CNA), señalaron que los productores enfrentan un entorno sumamente desafiante. Además de los retos asociados al encarecimiento de energéticos y la falta de infraestructura tecnológica e hídrica, se suman los costos operativos y de seguridad personal derivados de la delincuencia y las extorsiones en distintas regiones productivas del país.
A estos problemas estructurales se añade la incertidumbre comercial vinculada a la revisión del T-MEC y la necesidad de instrumentar políticas públicas eficaces que eviten que los productores nacionales compitan en condiciones de desigualdad frente a los mercados internacionales. Los especialistas advierten que, de persistir estas condiciones, la carestía en el campo continuará afectando tanto a la cadena de proveeduría como a la economía familiar.














