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Marco regulatorio en el sur de México mantiene a los delfines en cautiverio sin saber que pasará

Redacción Carlos Villa 

Con la modificación de la Ley General de Vida Silvestre en Quintana Roo, que es uno de los estados donde más santuarios de delfines hay en el país, estos ejemplares quedan a merced de un marco jurídico que aún no especifica el rumbo que tomarán sus vidas. 

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Resulta alentador que las agendas de las legislaciones estatales incluyan temas progresistas, entre ellos, legislar en favor de la protección a los animales, especies que no eran tomadas en cuenta para las discusiones parlamentarias durante legislaturas anteriores. 

Sin embargo, cuando se legisla desde el escritorio sin observar las repercusiones que tendrá en el territorio, más que un bien termina por dejarlos en un vacío legal, como es el caso de Quintana Roo, donde está por cumplirse un año de una reforma a la Ley General de Vida Silvestre y modificó partes importantes del marco regulatorio. 

Entre muchas de las cosas positivas, se ordenó la restricción de espectáculos o actividades de recreación con mamíferos marinos que les implique estar en cautiverio, así como toda forma de reproducción entre ellos mientras no estén en su entorno natural.  

Cuando se lee y declama esta iniciativa, pareciera ser sumamente buena el hecho de prohibir que animales estén a disposición del mercado solamente vistos como una mercancía más para generar ganancias y lucrar con ellos solo para satisfacer una simple oferta y demanda, sin voltear a ver si viven en condiciones dignas al expulsarlos de sus especies. 

Sin embargo, en el caso de Quintana Roo, que es uno de los estados donde más parques acuáticos había de espectáculos con delfines, que quedaron inhábiles para seguir ofertando este tipo de entretenimiento, dejó a muchos de estos ejemplares en medio de un vacío legal. 

Si los delfines ya no pueden seguir ofreciendo este espectáculo, ¿de dónde saldrían las ganancias para que se mantuvieran dignamente en cautiverio? Son las preguntas que se hacen algunos respecto a su situación, así como la falta de verificación si están siendo bien alimentados y sus hábitats no han sufrido algún daño por las inminentes pérdidas económicas.    

En Cancún, uno de los puntos estratégicos para el turismo en México, se estima que había quince de los treinta delfinarios que hay a lo largo de nuestro país, y en estos sitios se cree que hay de 200 a 240 ejemplares que aún siguen en cautiverio. 

Desde que el marco regulatorio entró en vigor, los particulares quedan imposibilitados de hacer algo por los ejemplares pues no se sabe cómo proceder, así como los lineamientos bajo los cuales debería haber una liberación de ellos y en qué condiciones. Los delfines seguirán esperando que sucederá con su especie.  

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