Redacción Marlone Serrano
Las olas de calor marinas están alterando uno de los mecanismos naturales más importantes para frenar el cambio climático: la capacidad del océano para capturar y almacenar dióxido de carbono (CO₂). Un estudio internacional publicado en la revista Nature Communications advierte que el aumento de la temperatura del mar está modificando la estructura de los ecosistemas microscópicos y debilitando la llamada “bomba biológica de carbono”, un proceso clave para regular el clima del planeta.
La investigación, desarrollada por especialistas de diversas instituciones científicas, revela que los episodios de calor extremo en los océanos no solo afectan la biodiversidad marina y las cadenas alimenticias, sino que también reducen la eficiencia con la que el carbono es transportado desde la superficie hacia las profundidades marinas, donde normalmente permanece almacenado durante miles de años.
Un océano menos capaz de capturar carbono
Cada año, los océanos absorben una parte importante del dióxido de carbono generado por las actividades humanas, ayudando a disminuir el ritmo del calentamiento global. Sin embargo, este equilibrio depende de millones de organismos microscópicos, como el fitoplancton y las bacterias marinas, que forman la base de la cadena alimentaria.
“La bomba biológica funciona como una cinta transportadora que mueve el carbono desde la superficie hasta el océano profundo”, explicó Mariana Bif, autora principal del estudio.
Cuando el fitoplancton realiza la fotosíntesis, captura CO₂ de la atmósfera y lo transforma en materia orgánica. Posteriormente, los restos de estos organismos descienden lentamente hacia las profundidades marinas, donde el carbono queda aislado durante largos periodos.
No obstante, las olas de calor están interrumpiendo este proceso.
Dos episodios extremos en el Golfo de Alaska
Los científicos analizaron más de una década de información biológica y oceanográfica en el Golfo de Alaska, región que experimentó dos eventos excepcionales de calentamiento: el fenómeno conocido como The Blob entre 2013 y 2015, y una segunda ola de calor ocurrida entre 2019 y 2020.
Para la investigación utilizaron datos del proyecto Global Ocean Biogeochemistry Array, una red internacional de flotadores robóticos capaces de medir temperatura, salinidad, oxígeno, nitratos y carbono en toda la columna de agua cada pocos días.
Esta información fue complementada con muestreos científicos realizados desde embarcaciones mediante análisis de ADN ambiental y química de pigmentos.
El carbono ya no llega a las profundidades
Los resultados mostraron que las temperaturas extremas modificaron la composición del plancton y alteraron el transporte natural del carbono.
Durante el evento de 2013-2015, aunque aumentó la producción de fitoplancton, las partículas cargadas de carbono quedaron atrapadas alrededor de los 200 metros de profundidad, sin continuar su descenso hacia el océano profundo.
En el episodio registrado entre 2019 y 2020 ocurrió un fenómeno distinto: pequeños organismos reciclaron rápidamente la materia orgánica en las capas superficiales, provocando que el carbono descendiera lentamente hasta detenerse entre los 200 y 400 metros de profundidad, muy lejos de las zonas donde normalmente queda almacenado durante siglos.
Riesgo para el equilibrio climático
Los investigadores advierten que este bloqueo incrementa la posibilidad de que el carbono vuelva a liberarse hacia la atmósfera en lugar de permanecer confinado en el océano, debilitando uno de los principales reguladores naturales del clima terrestre.
“Nuestra investigación demuestra que las olas de calor alteraron las comunidades de plancton y afectaron la bomba biológica del carbono. La cinta transportadora que normalmente lleva ese carbono hacia el fondo del mar simplemente se atascó”, señaló Mariana Bif.
Tecnología e investigación para entender el fenómeno
El estudio también destaca el papel de la tecnología para comprender estos cambios. Los sistemas de monitoreo mediante vehículos autónomos, sensores oceánicos y herramientas de inteligencia artificial permiten obtener información cada vez más precisa sobre la evolución de los ecosistemas marinos y los efectos del cambio climático.
Los especialistas consideran que fortalecer estas redes de observación será fundamental para anticipar el comportamiento de los océanos y diseñar estrategias de conservación.
Un desafío global
Las olas de calor marinas son cada vez más frecuentes e intensas debido al calentamiento global. Sus consecuencias ya no se limitan al blanqueamiento de corales o a la pérdida de biodiversidad: también amenazan procesos esenciales para mantener el equilibrio climático del planeta.
Los científicos advierten que proteger los océanos significa también preservar uno de los principales aliados naturales en la lucha contra el cambio climático, ya que cualquier alteración en su capacidad para capturar carbono podría acelerar aún más el aumento de la temperatura global.














