Redacción: Andrea García
La iniciativa pertenece a la empresa estadounidense Reflect Orbital, que desarrolla una tecnología capaz de reflejar la radiación solar desde el espacio hacia regiones específicas del planeta. El proyecto pretende extender algunas horas la disponibilidad de luz solar y, entre sus posibles aplicaciones, se encuentra el apoyo a instalaciones de energía fotovoltaica después del atardecer.
El proyecto comenzó a llamar la atención después de que la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos (FCC) autorizara en julio de 2026 las operaciones del satélite de demostración Eärendil-1. Este dispositivo cuenta con un espejo desplegable de aproximadamente 18 por 18 metros y está diseñado para reflejar la luz solar hacia la superficie terrestre. De acuerdo con la Sociedad Astronómica Estadounidense, el satélite podría generar un haz de iluminación de alrededor de cinco kilómetros de ancho.
La idea forma parte de un proyecto mucho más ambicioso. Reflect Orbital plantea eventualmente construir una constelación de decenas de miles de satélites, con una meta de alrededor de 50 mil unidades para los próximos años. La intención es ofrecer lo que la compañía denomina iluminación solar bajo demanda, dirigida a lugares concretos durante periodos en los que normalmente ya no recibirían radiación directa del Sol.
Uno de los argumentos a favor de esta tecnología es su posible utilización para aumentar el tiempo de generación de electricidad en parques solares. Al reflejar parte de la luz solar después del atardecer, los espejos podrían proporcionar iluminación adicional a determinadas instalaciones y zonas terrestres. También se ha planteado su utilización para situaciones de emergencia en las que sea necesario iluminar temporalmente un área específica.
Sin embargo, el proyecto también ha generado preocupación entre astrónomos y especialistas debido a la cantidad de luz artificial que podría introducir en el cielo nocturno. La American Astronomical Society ha advertido sobre los posibles efectos acumulativos de los satélites reflectantes en la astronomía óptica y en el entorno natural nocturno. Una de las preocupaciones es que estos objetos sean suficientemente brillantes para interferir con observaciones científicas y otros instrumentos ópticos.
El posible impacto no se limitaría a los observatorios. Un estudio publicado en 2026 analizó la contaminación lumínica producida por este tipo de espejos orbitales y encontró que la dispersión de la luz en la atmósfera podría hacer que el brillo se perciba a decenas de kilómetros de la zona directamente iluminada. En uno de los escenarios estudiados, un espejo de mayores dimensiones podría alcanzar un brillo aparente superior al de la Luna llena para un observador ubicado dentro del haz de luz.
Este punto también ha generado inquietudes relacionadas con la seguridad visual. La preocupación no significa que se haya demostrado que la constelación vaya a provocar daños oculares generalizados, pero la intensidad de la luz reflejada plantea un posible riesgo para personas que observen directamente estos objetos mediante telescopios u otros instrumentos ópticos. Por ello, la intensidad, dirección y duración de los haces serían elementos importantes para evaluar cualquier expansión de la tecnología.
Otro problema señalado por los especialistas es la alteración del cielo nocturno y de los ecosistemas que dependen de la oscuridad. La contaminación lumínica puede modificar comportamientos de distintas especies, afectar sus ciclos de descanso y alterar patrones de orientación. Además, el incremento del brillo del cielo podría dificultar la observación de estrellas y otros cuerpos celestes incluso desde lugares alejados de las ciudades.
Investigaciones recientes también han estimado que una constelación de aproximadamente 50 mil satélites reflectantes podría incrementar considerablemente el brillo del cielo nocturno debido a la luz dispersada en la atmósfera. Un estudio publicado en 2026 calculó que, bajo determinados escenarios, una población de esa magnitud podría aumentar entre 200 y 300 por ciento el brillo difuso del cielo. Estas cifras corresponden a modelos científicos y dependen de las características de los satélites y de las condiciones atmosféricas.
Por ahora, Eärendil-1 representa una prueba tecnológica, no el despliegue de los 50 mil satélites. El funcionamiento de este primer dispositivo permitirá obtener información sobre la intensidad de la luz, el control del espejo y los efectos que pueda generar sobre el cielo. A partir de esos resultados podrán evaluarse las posibilidades y consecuencias de ampliar el proyecto a una constelación mucho mayor.
La propuesta abre así un debate sobre los límites de la tecnología espacial y la forma en que las actividades humanas están transformando el cielo nocturno. Mientras sus impulsores plantean una nueva posibilidad para aprovechar la energía solar, astrónomos y especialistas ambientales piden estudiar cuidadosamente sus efectos antes de aumentar el número de objetos reflectantes en órbita. El desafío será determinar si es posible utilizar esta tecnología sin alterar de manera significativa la oscuridad natural de la Tierra.














