Redacción Jacqueline Sandoval
La NASA advirtió que el fenómeno de El Niño podría alcanzar una intensidad superior a la registrada en 1997, uno de los episodios más extremos observados en las últimas décadas. A través de imágenes satelitales, especialistas analizan las condiciones actuales del océano Pacífico y las comparan con las que se presentaron hace casi 30 años para comprender la evolución de este evento climático.
La comparación difundida muestra imágenes correspondientes al 13 de octubre de 1997 y al 12 de octubre de 2026. En ellas se observan similitudes en la distribución del agua cálida en el Pacífico ecuatorial, especialmente en las regiones central y oriental, donde el nivel del mar presenta variaciones respecto a su promedio habitual.
Para realizar el análisis, los científicos utilizan mediciones satelitales que permiten observar los cambios en la altura de la superficie oceánica. Estos datos ayudan a identificar la expansión del agua asociada con el aumento de la temperatura y permiten dar seguimiento a las condiciones que favorecen el desarrollo de El Niño.
Este fenómeno climático natural se produce cuando las temperaturas de la superficie del océano Pacífico ecuatorial aumentan por encima de los valores habituales. El cambio está relacionado con el debilitamiento de los vientos alisios, que permite que el agua cálida se desplace hacia el este y modifique la interacción entre el océano y la atmósfera.
Sus efectos pueden extenderse a distintas regiones del planeta y alterar los patrones de lluvia y temperatura. Dependiendo de las condiciones locales, puede favorecer sequías, inundaciones, lluvias intensas, afectaciones agrícolas y un mayor riesgo de incendios forestales.
Uno de los antecedentes más relevantes ocurrió entre 1997 y 1998, cuando El Niño provocó importantes alteraciones climáticas en diferentes partes del mundo. Por su intensidad y sus consecuencias, ese episodio se convirtió en un punto de referencia para los científicos que estudian estos fenómenos.
Sin embargo, que el evento actual presente características similares no significa que sus consecuencias serán idénticas. Los especialistas señalan que cada episodio tiene particularidades que dependen de la distribución del calor en el océano y de la respuesta de la atmósfera.
Por ello, aunque las observaciones satelitales permiten identificar señales de un posible evento intenso, todavía es necesario dar seguimiento a su evolución para conocer con mayor precisión sus efectos durante los próximos meses.
El monitoreo de la NASA y de otros organismos científicos será fundamental para comprender el comportamiento de El Niño y evaluar los posibles riesgos climáticos. La información recopilada también permitirá mejorar las previsiones y apoyar la preparación de las comunidades ante posibles cambios en las condiciones meteorológicas.














