Redacción Regina Melo
El cambio climático y la biodiversidad están profundamente relacionados. Mientras el aumento de la temperatura, las sequías y los fenómenos meteorológicos extremos ponen en riesgo a miles de especies, la naturaleza también desempeña un papel fundamental para mitigar los efectos del calentamiento global. Es por ello que proteger la biodiversidad es una de las estrategias más importantes para enfrentar esta crisis ambiental.
De acuerdo con el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), el incremento de la temperatura ha provocado cambios en casi todos los ecosistemas del planeta. Muchas especies se han visto obligadas a cambiar sus rutas de migración, sus temporadas de reproducción e incluso el lugar donde habitan para adaptarse a las nuevas condiciones. Sin embargo, no todas logran hacerlo, lo que aumenta el riesgo de desaparición.
Entre las mayores preocupaciones están los océanos, pues según las Naciones Unidas, el aumento de la temperatura del agua está provocando el blanqueamiento de los arrecifes de coral. Aunque estos ecosistemas cubren menos del 1% del fondo marino, albergan cerca del 25% de las especies marinas, además de proteger las costas y sostener actividades como la pesca y el turismo.
Así como los polinizadores quienes también enfrentan grandes desafíos. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señala que alrededor del 75% de los cultivos alimentarios del mundo dependen, al menos en parte, de la polinización. Sin embargo, el cambio climático, la pérdida de hábitat y la contaminación están reduciendo las poblaciones de abejas, mariposas, murciélagos y otros animales esenciales para la producción de alimentos.
La biodiversidad también ayuda a combatir el cambio climático. Los bosques, humedales, manglares y océanos capturan grandes cantidades de dióxido de carbono, uno de los principales gases responsables del calentamiento global. De acuerdo con la ONU, los océanos absorben cerca del 30% del dióxido de carbono generado por las actividades humanas y capturan alrededor del 90% del exceso de calor producido por las emisiones de gases de efecto invernadero.
Los manglares representan otro ejemplo de esta función. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) señala que estos ecosistemas pueden almacenar hasta cuatro veces más carbono que muchos bosques terrestres, además de proteger las costas frente a tormentas, huracanes e inundaciones. A pesar de ello, continúan desapareciendo debido a la urbanización, la contaminación y el desarrollo de actividades humanas.
La Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) a través de estudios advierte que hasta un millón de especies podrían desaparecer en las próximas décadas si se mantiene la destrucción de hábitats, la contaminación, la sobreexplotación de los recursos naturales y el cambio climático.
Al reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, restaurar ecosistemas, proteger áreas naturales y promover un uso responsable de los recursos, se benefician tanto el clima como la biodiversidad. Cuidar la naturaleza no solo significa conservar plantas y animales; también representa una oportunidad para fortalecer la resiliencia del planeta y garantizar un futuro más seguro para las próximas generaciones.














