Redacción: Michelle Velázquez Belmont
Transición energética global 2026: Cómo la crisis del petróleo impulsa el éxito de las energías renovables en Noruega, Paraguay, Nepal y Etiopía.
Las tensiones geopolíticas en el Medio Oriente han vuelto a poner en evidencia la enorme vulnerabilidad de las economías que dependen de los combustibles fósiles. El bloqueo parcial del Estrecho de Ormuz, una vía por donde transita una quinta parte del petróleo y gas del planeta, mantiene los precios bajo una volatilidad constante. Ante este complejo panorama, la necesidad de migrar hacia un modelo energético seguro y autónomo ha dejado de ser únicamente una meta ecológica para convertirse en una prioridad de seguridad nacional, impulsada por recursos que no sufren embargos ni alteraciones de tarifas en el mercado internacional: la luz solar y las corrientes de viento.
De acuerdo con datos recientes de las Naciones Unidas, la capacidad instalada de fuentes limpias se encuentra muy cerca de igualar a la de los hidrocarburos a nivel global. Esta transformación no es uniforme, pero existen naciones que ya marcan la pauta en resiliencia económica y sustentabilidad.
Noruega, por ejemplo, a pesar de ser un importante exportador de crudo, sostiene su red eléctrica doméstica casi en su totalidad mediante plantas hidroeléctricas y parques eólicos marinos. Esto le permite mitigar el impacto de las crisis externas y avanzar con firmeza en la electrificación total de su infraestructura de transporte urbano.
Por su parte, el continente americano cuenta con un referente indiscutible: Paraguay. Gracias al aprovechamiento compartido de la represa de Itaipú, esta nación genera la totalidad de su energía eléctrica mediante la fuerza del agua, disfrutando de tarifas bajas, autonomía plena y la capacidad de exportar sus excedentes a los países vecinos. En una sintonía similar, en entornos montañosos complejos como el de Nepal, el desarrollo hidroeléctrico cubre ya el 98% de la demanda de su red, disminuyendo la costosa importación de combustibles y transformando la salud de las comunidades rurales al sustituir la quema de leña por tecnologías limpias en los hogares.
Finalmente, África encuentra en Etiopía a un líder emergente que ha integrado las fuentes renovables como el eje central para alcanzar el acceso universal a la electricidad. Con un sistema dominado por la hidroenergía y proyectos solares en expansión, el país dota de suministro a las regiones más apartadas sin contraer deudas por la compra de insumos fósiles extranjeros. Estos cuatro ejemplos, con realidades geográficas y económicas sumamente distintas, demuestran que la transición hacia un modelo sustentable no solo disminuye los niveles de contaminación, sino que descentraliza el poder económico y lo devuelve a las comunidades, consolidando un esquema energético donde la soberanía es la verdadera base del desarrollo.
¿Te gustó nuestra nota? ¡Contáctanos y deja tu comentario! AQUÍ
Conoce nuestra red ANCOP Network AQUÍ














