Redacción Regina Melo
Las olas de calor son cada vez más frecuentes, intensas y prolongadas en distintas partes del mundo. Aunque las altas temperaturas suelen asociarse con molestias temporales, especialistas advierten que representan un riesgo importante para la salud, especialmente en las ciudades, donde el concreto, el asfalto y la escasez de áreas verdes favorecen que el ambiente permanezca caliente incluso durante la noche.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el cambio climático es una de las mayores amenazas para la salud en el siglo XXI. El organismo estima que, entre 2030 y 2050, el cambio climático podría provocar alrededor de 250 mil muertes adicionales al año debido a problemas como el estrés por calor, la desnutrición, enfermedades transmitidas por insectos y padecimientos relacionados con la mala calidad del aire.
El aumento de la temperatura afecta directamente al cuerpo humano. Cuando el organismo no logra enfriarse de manera adecuada, pueden aparecer síntomas como agotamiento, deshidratación, mareos, dolor de cabeza y, en casos graves, un golpe de calor, una emergencia médica que puede poner en riesgo la vida. Los grupos más vulnerables son las personas mayores, los niños, las mujeres embarazadas y quienes viven con enfermedades del corazón o problemas respiratorios.
El cambio climático también favorece la propagación de enfermedades. Según la Organización Panamericana de la Salud, el incremento de las temperaturas y las modificaciones en los patrones de lluvia crean condiciones favorables para la expansión de mosquitos que transmiten enfermedades como el dengue, el zika y el chikungunya. Además, el calor extremo puede empeorar padecimientos respiratorios al favorecer la formación de contaminantes en el aire.
Las ciudades enfrentan un desafío adicional conocido como “isla de calor urbana”. Este fenómeno ocurre porque edificios, calles y techos absorben la energía del sol durante el día y la liberan lentamente por la noche, impidiendo que la temperatura disminuya. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente señala que algunas zonas urbanas pueden registrar temperaturas hasta 7 °C más altas que las áreas rurales cercanas.
Podemos tomar medidas sencillas para reducir los riesgos. Mantener una buena hidratación, evitar actividades físicas durante las horas de mayor calor, utilizar ropa ligera, permanecer en lugares frescos y protegerse del sol con sombreros o sombrillas son acciones que pueden prevenir complicaciones. También es importante prestar atención a personas que viven solas, especialmente adultos mayores, ya que son quienes enfrentan un mayor riesgo durante las olas de calor.
Como comunidad, aumentar las áreas verdes, plantar árboles, conservar parques y promover espacios con sombra ayuda a disminuir la temperatura en las ciudades. Asimismo, mejorar el acceso al agua potable y fortalecer los sistemas de alerta temprana permite responder con mayor rapidez durante los episodios de calor extremo.
El cambio climático no solo transforma el medio ambiente; también modifica las condiciones en las que vivimos y afecta directamente nuestra salud. Acciones como cuidar de los recursos naturales, disminuir la contaminación en áreas verdes y modificar la infraestructura de la ciudad son claves frente a un clima cambiante. La prevención y la información se convierten en herramientas esenciales para resistir ante los cambios.














