En el corazón de Campeche, la región de Calakmul enfrenta una encrucijada ambiental que pone en riesgo uno de sus pilares económicos y ecológicos más importantes: la apicultura. Esta labor no solo representa el sustento de cientos de familias campesinas, sino que es fundamental para la polinización y la salud de la selva maya. Sin embargo, el equilibrio ecológico se ha visto alterado por fenómenos climáticos extremos que obligan a los productores a transformar sus métodos de trabajo para asegurar la supervivencia de sus colmenas.
El panorama actual es sumamente complejo para los productores locales. Las temporadas de sequía se han vuelto más agudas y prolongadas, provocando la muerte masiva de abejas por sed y una disminución drástica en la producción de miel. Testimonios de apicultores con décadas de experiencia, como Antonio Camal, relatan que hace treinta años era posible vivir dignamente con apenas 20 colmenas. En la actualidad, la realidad es drásticamente distinta: se estima que un apicultor requiere ahora de al menos 30 colmenas para obtener la misma cantidad de miel que antes se extraía de sólo nueve ejemplares. Esta caída de casi dos terceras partes en la productividad se debe a la falta de floración y al incremento extremo de las temperaturas.
Ante esta adversidad, la comunidad no se ha rendido. Con el apoyo de organizaciones como el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y el proyecto SAbERES, las familias han comenzado a implementar medidas de “Adaptación basada en Ecosistemas”. Entre estas innovaciones destaca la instalación de sistemas de captación de agua directamente en los apiarios, lo que evita que las abejas agoten su energía recorriendo largas distancias en busca del líquido. Asimismo, se ha iniciado la reforestación con plantas melíferas resistentes a la sequía, asegurando alimento para las abejas durante gran parte del año.
La transición hacia una “apicultura regenerativa” se perfila como la solución a largo plazo para esta crisis. Este modelo prioriza un manejo menos invasivo, el uso de criterios orgánicos y el mejoramiento genético de abejas reinas adaptadas específicamente al clima de Calakmul. A diferencia de las reinas traídas de otras regiones que no logran sobrevivir al calor extremo, las variedades locales prometen una mayor resiliencia.
El futuro de la selva depende intrínsecamente de las abejas y de quienes las cuidan. Los apicultores actúan como guardianes del monte, previniendo incendios y manteniendo brechas cortafuegos. No obstante, el reto persiste: se requieren políticas públicas y financiamiento para que los pequeños productores puedan costear las inversiones necesarias en infraestructura y tecnología. La meta es clara: garantizar que la apicultura vuelva a ser una opción de vida rentable y atractiva para las nuevas generaciones, evitando la migración forzada y protegiendo el invaluable patrimonio natural de México.














